Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Archivos mensuales: diciembre 2011

Loghain hijo de Merander.

Nació en el puro centro entre Aden y Oren. Tuvo serias complicaciones al nacer, entre ellas que nació a la mitad del séptimo mes de gestación. Su padre era un desafortunado mercader y su madre no era más que la que trabajaba en los pequeños campos de autogestión de la familia.

La infancia de Loghain fue severamente solitaria. En el conjunto de casas encontrado en el centro de la distancia entre Aden y Oren no había ningún otro niño de su edad. La educación padecía en lo que su padre reunía en un libro en sus viajes de mercader y aprendía a la vez. Y por más abierto del mente que el niño fuera, no tenía medios para aprender más.

Lo mejor que podría hacer era sentarse en aquél árbol de manzanos, viendo de allí arriba todo lo que pudiera a su alrededor. Su presencia era nula y pasar inadvertido era virtud del niño. Al movimiento de las ramas él iba y si quería perderse de una cruda realidad, podía fácilmente ocultarse en la naturaleza. Tenía el poder de ser una sombra perdida en los crudos días nublosos de Ivory.

Desde pequeño era altísimo y tan sólo a la edad de trece años ya le llevaba unos centímetros a su padre. Sin embargo, a esa edad era simplemente raquítico. A veces era fácil creer que había más huesos que carne en el cuerpo del niño. De esos cuerpos que nisiquiera un perro desearía tener de comida. En todo caso, su padre sabía que con una buena túnica eso no sería problema y que entre la multitud y en sus viajes, su hijo impartiría respeto, así que en una perdida tienda en los comercios de Oren compró una capa verde y gris que a decir verdad, se confundía con la naturaleza y era muy larga. La compró sin pensarlo y se la dio a su hijo, quien con gusto se la probó. La capa seguramente le llevaba toda una pierna de él.

Fue creciendo, últimamente estaba concentrado con dos palos que encontró, ambos parecían dagas largas, quizás una de ellas llegaba a ser una espada. La velocidad de los flacos brazos llevaban los palos de madera hacia su objetivo con rapidez y los golpes, para él, eran de auténtico guerrero. Sin embargo no era más que un intento de un niño por apoderarse del dominio de las espadas. Aunque hay que decir que tuvo suerte: Conoció a quien pudo ayudarle a mejorar su habilidad con ambas espadas.

Conoció a un peculiar personaje que se encontró a las afueras de un bosque, sin embargo la verdad era que el personaje lo encontró a él. Se hacía llamar Fidel, llevaba una túnica grís oscuro y una capa casi igualita a la que el padre de Loghain le había regalado, color verde oscuro también. Le explicó que una persona con la descripción física del joven no era para llevar algún escudo o ser usado de defensiva, sino que por el contrario, su velocidad debía ser fortalecida y ser un ítem de daño.

Y así, el montaraz le fue enseñando a usar ambas espadas a la vez. Hasta que de un día a otro, Fidel desapareció de la fas de la tierra. Y Loghain quedó al merced del aburrimiento.

Cada día fue mejorando sus habilidades para acercarse a la gente sin ser notado. Era hora de cambiar de vida y de un día a otro, siguiendo el ejemplo de su hermano montaraz, se fue de su casa, despidiéndose de su familia, colgando el petate y dejando libres sus pies, que los llevaron por el bosque a lugares que indirectamente él buscaba.

 

 

De mucho se habla sobre Floran. Pocos se atreven a ir por las especulaciones de la gente, los que lo hacen, suelen no volver. Se teme lo peor. Montado en Ailén, su caballo, decidió emprender una ruta que le cambiaría su vida. Él pensaba, que los peligros que ya había corrido en otros bosques no serían menores a los que habría en ruta al pueblo. Conmovido por sus agallas, emprendió la ida hacia tan temeroso pueblo.

Llenó sus morrales de comida, de antídotos, de plantas medicinales y demás objetos naturales que le servirían para su travesía. Sin embargo, lo que más llenó en sí fue coraje: Cada minuto que pasaba, Loghain sentía más miedo aunque a la vez, más curiosidad y deseo de emprender su ruta hacia lo desconocido.

A la madrugada de un viernes, emprendiendo su camino por la salida suroeste de la gran Dion, Loghain se arrimó ya montando en su caballo a la oreja de éste. Sin más, pronunció una palabra en un muerto lenguaje que algún día discutió con su antiguo mentor. Bahya, y el caballo sin necesitar de más, empezó a galopar con su mirada firme hacia adelante.

Cada vez el camino se vuelve más estrecho. Lo que por unos minutos a caballo fue un camino digno de ser la salida de una ciudad, se transformó en una trocha que casi ni se ve. Los pocos pasos que allí quedan tatuados no son constantes y por ello no parece haber nisiquiera un sendero. A pesar de esto, Ailén percibía con facilidad las anomalías que el suelo tenía y lo seguía sin mediar palabra. Sin duda Loghain se veía muy afortunado por tener un caballo adiestrado para los trabajos en las montañas, las selvas y los hábitats inhóspitos.

No pasó más de una hora cuando empezó a ser víctima de un agotamiento extraño. Los zumbidos de los moscos eran pesados y se quedaban retintinando por largos segundos. Y no sólo ésto era lo difícil del camino, sino la inseguridad de unos grandes y amenazantes ojos que no paraban de ver a Loghain. Sus instintos agudos no lo dejaban respirar al advertirle del peligro.

Fue entonces cuando recordó las historias sobre Floran, las voces de los ancianos iban y venían por toda su cabeza. Empezó a divisar calaveras a cada lado del sendero; muchas para pensar que seguía en tierra firme. Alucinaba y ahora su suerte decantaba sobre el lomo de su caballo.

Para él pasaron muchas horas, quizás días. Cada galope lo atormentaba. El ambiente era difícil de respirar, faltaba el aire. Los árboles cada vez eran más cerrados y el camino parecía ser desviado por éstos. Cuando logró recuperarse de ese fatal adormecedor, era demasiado tarde.

En los cuatro lados de Ailén cuatro bestias que carecían de piernas y flotaban por una onda que se desplomaba en el piso se encontraban mirando al jinete. Loghain despertó como si hubiera sido la palma de su padre en su cabeza y mucho antes de lograr conciencia ya tenía ambas manos en su espalda, exactamente en cada mango de sus dos espadas. Las desenfundó con rapidez al mismo tiempo que baja por un costado de su caballo. Ailén respiraba hondo y no tenía para donde ir, tenía por seguro que o ayudaba a su amo o era asesinado. Él preferiría ser asesinado, a que asesinen a Loghain. Por ello mismo, se colocó en guardia y con un relincho le hizo caer en cuenta a su amo de lo cerca que uno de los gigantescos ojos estaba a él. Sin más, Loghain comenzó a dar vueltas, una tras otra con las espadas y el ojo que no tenía mucha agilidad cayó al piso tras una cortada descendente de una de las espadas de Loghain.

Uno menos, quedaban tres. El joven ya había advertido que el ataque que estas bestias lanzaban era adormecedor, que los aventureros caían en un sueño profundo y allí lo acababan. Fue entonces cuando agradeció a sus Dioses el tener un caballo tan increíble. El siguiente paso de reconocimiento fue cuando se encontró con un fuerte dolor en su rodilla derecha, como si una fogata ardiente dejara que su humo hirviendo escoltara su parte del cuerpo. Entonces con un movimiento bastante inteligente, salió corriendo a su caballo, apoyó su pierna izquierda en el estribo y saltó a una altura bastante prometedora hacia otro de las bestias. La bestia, bastante asustada no pudo hacer otra cosa que ser atravesada por ambas espadas en toda la pupila en la que consistía su cuerpo. Murió una más y sin dar tiempo a Loghain para pensarlo, atrás ya tenía otra que le quemaba la espalda. El dolor era incesante y lo había dejado inmovilizado. Al creer que no había escapatoria, oyó un relincho y por último un seco golpe de dos cascos en la bestia. Los cascos eran del caballo y en ese momento el ojo flotatorio quedó en el piso herido y fue finiquitado con un nuevo pisotón de Ailén.

Loghain al ver la escena sonrió y se dio media vuelta esperando acabar con el último adversario, sin embargo, éste se retiraba a una velocidad incontrolada y ayudó para que el joven aventurero se quedara un rato más con una satisfactoria sonrisa.

Volvió a su caballo y a trote lento lo hizo seguir el sendero. Ya estaba listo para una nueva sesión de aventura cuando una nueva magia experimentó: El pétalo de las rosas rosaban su cara, las manos de una especie perfecta acariciaba su pecho y sus piernas eran limpiadas lentamente por el frescor de un lago. Fue tan difícil impedir estar en ese estado de clímax que quedó inmovilizado un rato más hasta que supo lo que ocurría: Había llegado a Floran.

Jamás ningún hechicero de la Torre de Marfil podrá entender lo que este joven sintió. Un calor matutino, unos rayos de sol que no molestaban la vista, los olores de todas las rosas en una: La tranquilidad de un pueblo que no ha sido consumido por la necesidad de espacio.

Entonces lo entendió: Los aventureros o morían en el viaje, o no volvían desde tan maravilloso lugar, armónico como las cuerdas de un violín y tan deseado como la piedra más preciosa del continente.

Y así fue. Logró notar Dioneses allí: Muy pocos a decir verdad. Niños con una cara desfigurada por la sonrisa que siempre llevaban. Campesinos que con siembras daban a vasto el hambre de todo el pequeño pueblo y mujeres tejiendo y contando historias de los pocos aventureros que llegaban al lugar. Paz es una palabra imposible en épocas como las actuales, pero si algo juró sin pensar Loghain, fue que con su vida protegería aquel lugar de almas tan maliciosas como las que en tiempos de guerra hay.

 

 

Y justamente en una salida de Dion, un intrépido elfo se alzaba frente a la cantidad de personas que lo insultaba por una especie de robo a manos de magia negra. Loghain en una esquina de la ciudad, reposando en el tronco del árbol miraba lo sucedido y sin más rió. Tras eso llevó sus manos al tronco y se impulsó, parándose sin problemas y empezando a caminar al lugar.

A unos pasos nada más, vio un somnoliento hombre robusto que se dirigía al elfo, seguramente a golpearlo. Sin saber por qué, se abalanzó al ebrio y lo empujó con todas sus fuerzas. Quizás no fue la mejor opción, porque si bien Loghain difunde temor por su altura, su delgadez lo acabaría frente a un robusto hombre ebrio. Sin embargo en esta acción el hombre temió por su vida y la demás gente a ver el aire tan áspero que se vivía, decidió alejarse lentamente.

Buscar problemas en Dion es fácil —dijo— ¿Por qué no intentas sobrevivir sin meterte en problemas?— El tono con que Loghain lo decía era ciertamente molesto, pero el elfo al parecer no pensaba en eso.

Veo que eres alto, humano. Aunque estoy seguro que tu altura no sería mayor problema frente a un tipo como esos. Seguramente eres bastante valiente.

—Soy Loghain, hijo de Merander. Hijo del pacto de Ivory y actualmente resido aquí, en Dion. Los elfos no suelen vivir en nuestras ciudades; Son muy sucias para ellos.

Venía de paso. Y yo soy Thungur, descendiente de Dashleir.

Luego de una conversación, Thungur le mostró un cristal brillante a Loghain, el cual justificaba había encontrado en uno de los bosques que suele recoger. Loghain, ya habiendo pensado todo el plan sobre lo que podría hacer con el cristal lo tomó decidido y le dijo a su compañero que le siguiera. En el mercado Dionés, habló con un mercader que por la mismísima pinta parecía ser novato. Entonces logrando divisar con rapidez los defectos físicos del mercader, empezó su retahíla.

Estos cristales los mueles con fuerza y lo que quede te los pasas por la cabeza. Las moléculas de este cristal rejuvenece el cabello y te lo hace crecer como si tuvieras veinte años menos, ¡imagínatelo!

Entonces, por el acento del encapuchado el mercader no pensó que todo era una farsa. Loghain le pasó el cristal y el hombre lo tomó con la mano y lo guardó en su bolsillo. Tras eso miró hacia atrás a ver a Thungur, sin embargo él estaba un poco distraído leyendo en voz alta algo escrito en un libro que llevaba. El humano pidió mil adenas y el mercader se los pasó con rapidez. Tras eso, volvió a ver atrás para mirar si su amigo había terminado, fue entonces cuando logró notar el cristal que le acababa de pasar al mercader en la mano de su compañero. Y en ese momento salieron a paso largo hacia el establo. Loghain le habló de un lugar increíble al que sólo se podía llegar en sueños y el elfo decidió pensar en lo que éste decía y aceptar ir con él hacia allí. Loghain le acarició el lomo a Ailén, el caballo que nunca ata de las riendas, tras eso lo dirigió a la salida suroeste de la ciudad y ambos hombres emprendieron el camino.

No fue tan agotador como la primera vez, pues ambas personas no se conocían y por tanto el sueño era fácil de evitar. Fue casi una media hora hasta que llegaron: Floran.

Ambas personas sentían el mismo éxtasis psicodélico que rodea la ciudad. Esa tranquilidad y paz que sólo se vivía en Floran era inevitable de evitar. Estuvieron bastante tiempo sin hablar, tras eso, Loghain rompió el silencio.

¿Qué te parece?

Si quisiera vivir establemente en algún lugar, sería aquí.

Y desde ese momento, ambos compañeros tienen como punto de referencia el pueblo de la tranquilidad para sus encuentros.

 

 

Llegó a Giran por los rumores que iban y venían por los bosques tanto Dioneses como del pacto de Ivory. Algunos hablaban de un golpe que darían los insurgentes, otros sobre una emboscada de la alianza oscura a la ciudad en plena ceremonia. En todo caso lo único que Loghain sabía es que debía estar allí. Por eso mismoBahya le susurró al oído de Ailén y el animal comenzó a galopar a una buena velocidad por los senderos más olvidados de los bosques del continente.

Luego de un viaje lleno de pensamientos, llegó por la puerta este a la gran ciudad de Giran y lo primero que vio fue un gran grupo de marineros, por lo que era obvio que allí estaría Marcos, el compañero que hace unas semanas había conocido. Bajó la cabeza y le pidió a su caballo que caminara lento por entre la multitud. De ese modo, Loghain pasaba inadvertido, pues su capucha le ocultaba la totalidad de su cara y parecía un vagabundo más con caballo. Marcos, su compañero, ya sabía de las tendencias que el jinete solía tener dentro de una ciudad y lo reconoció.. Y le saludó.

Sabía que vendrías, hijo de Merander. Justamente pensaba si llegarías tarde o a buenas horas.

No suelo llegar ni tarde ni temprano, marinero. Suelo llegar a las horas en las que me necesitan— y le sonrió.— Supongo que tu líder te necesit..— Marcos le interrumpió.

¡Por supuesto que me necesita! Venga, sígueme.

Y así Loghain siguió a Marcos, quien iba junto con otro marinero. Ya en la puerta del lugar donde estaba alojado Leof, ambas personas entraron, no sin antes indicarle al jinete que los esperara afuera.

Loghain llevó a su caballo a una esquina donde nadie le pondría mayor atención, aunque no dejaba de ver a una persona que estaba en mitad de la vía, parado. Le llamó la curiosidad y andó a caballo hacia aquella persona, a quien le llamó la atención. Él aseguraba ser el padrino de la boda y se veía nervioso por la celebración. Loghain decidió no molestar más.

Pasaron los minutos y primero salieron los dos marineros, ambos con excelentes trajes. El jinete no llevaba más que una larguísima capa verde con marrón y una armadura embadurnada de marrón oscuro, como si de un camuflaje se tratara. Los siguió hasta el centro de la gran ciudad y se dirigió a un hombre que tenía unos caballos. Le pidió que le dejara tener a Ailén allí y el hombre sin más accedió. Tras eso, Loghain se apresuró a donde ambos conocidos y en la puerta de la iglesia hicieron presencia.

Entonces las campanas sonaron. La ceremonia iba a empezar. Leof llevaba en su brazo a una mujer, obviamente la madrina de la boda. Marcos advirtió a ambas personas que apenas pasara su líder, los tres lo seguirían en señal de respeto, y así fue. Las tres personas siguieron al esposo hasta el altar y ya cerca a éste, tomaron asiento. Fue el momento de todos los invitados y entraron. El pueblo era vigilado y debían sentarse en lo más atrás de la catedral.

Al término de cierto tiempo, la elfa llegó al lugar junto con el padrino y sí: Era la persona que anteriormente Loghain vio. La ceremonia entonces empezó y todo se volvió aburridor.

Aunque la madre de Loghain nacida en Aden fuera una mujer devota hacia los Dioses, el padre, de Oren era todo lo contrario y muchas veces, el hijo toma el ejemplo del padre, por lo que la ceremonia como tal le pareció totalmente aburridora. El tiempo pasaba lento y el sueño se hacía presente aunque nada que el joven no pudiera soportar. Entonces se entregaron los anillos y se besaron. Loghain dando por terminada la ceremonia, se levantó de su silla y con el sigilo que tanto le ha costado ir mejorando, se retiró de la catedral.

Escrito desde el 22 de Octubre de 2011 hasta el 20 de Noviembre de 2011.
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Karght Kyham.

Karght viene de un linaje de personas dedicadas a guardar los objetos y pertenencias de su pueblo. Ser banquero siempre ha sido un honor y un prestigio para la familia Kyham, aunque esta se ha envuelto en problemas por su poca admiración hacia los Dioses. Es debido a esto que Karght conserva una ambiciosa codicia por las cosas hechas de oro, plata y demás metales preciosos, a lo igual que se ha desempeñado en aprender a, con estos materiales, labrar objetos los cuales muestra a casi todas las personas que conoce. Por eso mismo se ha vuelto una persona que busca materiales para desarrollar la orfebrería.

Hijo de uno de los banqueros más conocidos en el norte de Elmore, Karght vivió toda su vida bajo los lujos de su familia. Tuvo maestros personales que lo educaron en ciencia e historia, aunque cabe destacar que siempre se aficionó por tener un buen cuerpo: Para él, su físico es importante. Por eso mismo su padre lo envolvió en deportes extremos y, aunque para él era un orgullo, por otro lado temía que su hijo no siguiera con la tradición de su familia, la de ser banquero.

Año por año, Karght demostró que vivir de las pertenencias de los demás no era lo suyo aunque siempre que podía, visitaba a su padre para que le mostrara objetos de oro. Por eso mismo, su padre le consiguió un invaluable objeto de oro maciso, forjado antes del ataque orco. Éste era un tipo de collar único y exclusivo entre su gente, el cual llevaba con orgullo y felicidad.

A sus treinta años, Karght cumplió la mayoría de edad y junto con sus amigos fueron lejos a celebrarlo. Allí, se emborracharon día y noche con el abundante dinero que el padre de Karght le dio para que celebrara. Se contabilizaron entre ellos tres semanas de cerveza, cerveza.. Y más cerveza, tanto así, que Karght sintió tanto deseo por la cerveza que desde ese día, lo apodaron “Espuma”, apodo que hasta el día de hoy, algunos compañeros le siguen diciendo.

Muy lejos de una terrible vida, Karght creció como cualquier otro enano: Sus dos vicios, emborracharse y tener objetos de oro los llevaba bastante bien y su vida era alegre, aunque como toda buena historia, tuvo que llegar la parte romántica.

Sí, Karght se enamoró. Era una joven de tan solo treintaidós años menor que él y estaba, como era de esperarse dichoso hasta el día que la joven partió con su padre a la suerte humana, donde meses después, supieron que fueron asaltados y asesinados por los orcos.

Desde ese día, Karght sintió un fuerte resentimiento por aquella raza, que si bien no tenía la culpa por algunos, él estaba cegado por la muerte de su amada y, para completar, la historia que tuvieron los enanos con los orcos. Es por eso que siempre que ve a uno, lo irradia una sensación de desagrado y molestia, por lo que hablar con ellos se torna perturbante e inoportuno.

Bebía, pensando en los rumores que día a día se escuchaban por la antigua Brigantia. Se hablaba de un pirata que ahora era líder de un gremio, de un combatiente que asesinó más de cien hombres con la misma arma. Un enano que cabó su propia tumba en estado moribundo y un largo etcétera. Forseti, el tabernero, sabe mucha de esas historias y cuando no hay mucha gente con la cual hablar, las cuenta con total sabiduría y madurez.

Se me acababa el dinero, mi barba ya estaba bastante sucia cuando justamente un hombre trajeado entró al bar, saludando a cada uno de los que nos encontrábamos allí. Me pareció totalmente inculto y fuera de contexto, además de que lucía con orgullo sus ropas. La humildad se le quedó en la casa.

Nos quedamos charlando, me contó que su nombre era Lurious y que era amigo del tan nombrado Thorgil Tormenta. Allí, entre tragos, me comentó de un golpe que estaba planeado y me pidió que fuera con él. El día me lo había dado: Todo estaba ya hecho. No iba a rehusarme, pues yo mismo estaba en contra de la forma en que los gremios llevaban la sociedad enana. Fue en ese entonces, cuando ví mi futuro. Sí, cuando ví qué sería de mí en tiempos lejanos. Ví una esperanza a una vida de aburrimiento y soledad.

El día había llegado, un gran número de enanos se conglomeraban en Brigantia. Había un aire tenso y los ciudadanos lo sentían, pues no muchos estaban en las calles. Al frente de la estatua de Maphr muchos enanos con vestimentas caras y buenas armas se encontraban esperando la hora apropiada. Esa hora llegó sin dilación y nos dirigimos al lugar donde hace décadas se asentaba Lockirin, la máxima autoridad de los gremios. Allí pacíficamente se le habló de que llegó una nueva era enana y que ahora él sería relevado de su cargo a las buenas.. O a las malas. El viejo astuto sabía qué era lo mejor para su pueblo, por lo que decidió darle el poder a los golpistas quienes ya pensaban en democráticamente votar por quién sería el nuevo Rey de la raza. No se podía tomar a la ligera y les dejaron un plazo para pensar.

Por la noche se supo por toda Brigantia los cargos del momento. Carlo Aberlay sería coronado Rey. Anya Garjh sería la Guardiana del Conocimiento. Idrin Khaz, sería el Guardian de la De y las Tradiciones. Thorgil Tormenta el Guardian del Mar y Garwulf Dulfgrom el Guardián de la Tierra. Así, los cinco anteriores líderes de cada gremio tuvieron potestad por todo el territorio enano y trabajarían tras la misma jerarquía.

La limpia noche permeaba el golpe que se dio a la ciudad de Brigantia. Los soldados estaban cada vez menos tensos y se tomaban confianza para hablar sobre diferentes tópicos. Yo me encontraba sin saber que hacer, como por ley de la ciencia me encontraba con mi arma enfundada en frente del lugar donde dirigentes hablaban. Esperaba un momento en el que pudiera encontrar alguna diligencia que me encargaran.

El momento llegó. Lurious, quien momentos atrás buscaba la pérdida de razón de algunas personas, me llamó para que lo siguiera y sin dudarlo dos veces, lo hice. Iba a paso rápido, divertido al parecer. Yo, en realidad, buscaba una broma y sostenía con fuerza mi cinturón, esperando el momento para caer en ella.

Salimos por un puerta extrañamente abierta y nos dirigimos a terreno firme. Empezaba a escuchar choques de espadas y sin dudarlo dos veces, dirigí mi mano derecha a mi espalda, sosteniendo allí el mango de mi mazo. Segundos después, Maese Tormenta y una mujer, con la que Lurious había discutido antes, se batían a duelo. Me extrañé y rápidamente solté el mango de mi espada, veía el fuego que el golpe de dos armas irradiaba. Me detuve metros antes de la contienda, Lurious no hizo lo mismo.

No sé qué sucedió, mas sin embargo, la mujer se distrajo con su presencia y Maese Tormenta, quien no se dio cuenta de lo sucedido, siguió luchando y la derribó al piso. Buscando honor, la mujer -que, ahora que pienso, creo que se llamaba Anya- se le echó toda la culpa a Lurious y Maese Tormenta se llevó a la derrotada, quedando tres enanos en el lugar.

Muradín le pidió la daga a Lurious, quien con una molesta cara terminó cediéndoselo. Espero lo peor: Traición e ir en contra de las normas enanas. A cambio de unos dedos mutilados o una cabeza decapitada, me pidió que le diera una lección para que no lo volviera a hacer. En realidad, Lurious ha sido uno de los pocos de los que me han acogido en la ciudad y fue molesto que me dijeran justo a mí que le golpeara, aunque hay que admitir que si algo me ha dicho el tiempo que lo he ido conociendo, es que es bastante tonto e inoportuno. Con un nudo en la garganta, desaflojé el hierro de mi guante y lo hice sobresalir de mis nudillos y le metí un fuerte golpe en la cara, abriéndole la mejilla con el hierro. Cayó derribado al piso, aunque no dudó en rápidamente levantarse. Momentos después, Muradín le dijo que la daga se la daría la persona que atacó, es decir, Anya, y se fue de la escena. Bajé la cabeza mirando a Lurious y me devolví a Brigantia. Tiempo después escuché el cerrar de la puerta, justo cuando Lurious se dirigía a enfermería.

Decidí ir a por una cerveza. Luego de las cinco más, andé hacia la enfermería, donde me encontré con Anya, Muradín, Maese Tormenta, Lurious y algunos otros enanos. Allí me senté en un banco mientras escuchaba la conversación la cual terminó con un penoso castigo: Que Lurious, desnudo, diera una vuelta por la ciudad. El enano bastante molesto por la decisión, bajó sus pantalones y ya desnudo, salió corriendo por una ciudad sin tantos habitantes en las calles por los anteriores acontecimientos. En ese momento, hablé con Maese Tormenta, quien sin dilación me nombró dentro de su batallón. Todo tan rápido, tan inesperado. Voltee mi cabeza y ví a Lurious desnudo volviendo a la enfermería. Sonreí y una vez más penetré mis pulmones del fresco aire de Brigantia. Terminé la conversación con Maese Tormenta y volví a la enfermería.

Mi padre rápidamente supo de que estuve en el golpe y que Maese Tormenta me había nombrado dentro de su armada. Él, sabiendo ya que yo no soy una persona de estar detrás de un escritorio de banquero o algo parecido, decidió darme un regalo que según él (y literalmente) me llevaría lejos. Fue entonces cuando me reuní con él y me mostró algo que hacía desde hace muchos años. Era un vehículo que funcionaba a base de carbón, el cual daba la energía a unas patas para andar de forma muy rápida y por casi todos los terrenos posibles. Me avisó que me serviría para mi futuro y me explicó como usarla. Me encontraba en ese momento feliz, era una obra increíble y ahora era toda mía. Le debo aún mucho a mi padre, pues siempre me ha querido como soy y ha demostrado que su amor es totalmente incondicional.

Como otro regalo, pero esta vez mi madre, me obsequió el casco que aún con orgullo conservo. De él sé lo que mi querida madre me dijo, que su significado iba más que un casco con alas, era el poder llegar al lugar más lejano, de poder ser el dueño de mi vida y mi mundo. Del saber que estoy respaldado por mí mismo y que soy totalmente libre de hacer lo que yo encuentre correcto. En el casco hay un lema insertado y respaldado por su significado: “Por el poder de la verdad, mientras viva, habré conquistado el universo”.

En mi transcurso en Brigantia conocí a un oportunista llamado Bolter. Él, que se encargaba de minar carbón conocía muy de cerca el oficio de picar piedra y me llamó la atención el amor por un trabajo tan agotador como lo es ser minero. Por eso mismo me interesé en escucharlo y afortunada o desafortunadamente me prendió el gusto de la minería. Este amor por picar piedra me ha ayudado a tonificar mi cuerpo y poder llevar armaduras pesadas o resistir más a los golpes de mis enemigos. Y aunque mantengo mi mano derecha agotada, con la que cojo el arma -y por eso no hago el daño que debería hacer-, veo un fuerte aliado en el poder de mis armaduras y de mi fortificado cuerpo. Ese es mi estilo de lucha en la armada.

Lo que a mi primer parecer era un llamado inútil del Maese Tormenta, se convirtió en toda una expedición y el encuentro de grandes cosas por entre una abandonada e infestada mina al oeste de Brigantia.

Me encontraba en Oasis cuando apareció un mensajero, quien me sustentó su llegada al pasarme un mensaje escrito por el mismo Maese Tormenta. Abrí el mensaje y lo leí detalladamente. Hablaba de una reunión prioritaria a las cosas que estuviéramos haciendo en ese momento. La concentración sería en Brigantia, por lo que sin más dilación, le pedí a un guardia que me ayudara a llevar carbón a la Máquina. La coloqué en el lugar indicado y encendí el motor para rápidamente ir hacia la ciudad.

El viaje, que alcanzó a demorar varias horas, se dio por terminado cuando llegué por la puerta sur de la ciudad. Estacioné la Máquina y casi que corrí hacia el lugar de encuentro entre nosotros. Con una cara de felicidad presencié que había llegado temprano, así que entré al lugar y esperé a que el mismo Rey Carlo nos diera la orden de sentarnos. Eso sucedió y comenzó a hablar sobre la misión.

Trataba nada más ni nada menos de una expedición de una mina, la cual extrañamente había sido desalojada por los señores enanos. Se sabía que algunas bestias se hospedaron en los oscuros pasadizos de la mina: Algunas correrían de nosotros y otras nos atacarían, por lo que las armas eran esenciales en la expedición. Tras cierto tiempo de charla, todos salimos con mochilas ya antes cargadas para cada uno y para alistarnos, nos dejaron media hora.

En ese tiempo andé hacia el norte de la ciudad, donde recordando viejos amigos pedí humildemente el carbón que me ayudaría a ir hasta la cueva en la Máquina. Sin problemas me lo obsequiaron y me sirvió para que todo el viaje no fuera agobiante.

En la entrada a la mina habían dos guardias a la orden de Maese Tormenta que custodiaban el paso. Fueron cordiales saludos lo único que se cruzó entre ellos y nosotros cuando entramos a la mina. Ésta, carente de un fuego abrazador o una iluminación, espantaba al oírse agobiantes sonidos de animales caminando de allí para allá, bestias con hambre y con ganas de depredar todo lo que vean. Encendimos las antorchas, yo agarré con la mano que soportaba el escudo una, mientras con la otra apaciguaba mi mazo. Otros enanos llevaban también antorchas, aunque antes de comenzar el largo camino por la mina, Lurious avanzó sin ser visto y con poca luminosidad detectó las primeras bestias con las que nos enfrentaríamos.

Empezamos a caminar, al frente estaban Gron, Lurious y Maese Tormenta. Justo detrás de ellos el mismísimo Rey Carlo. Tras él, ambas enanas: Celeste y Helena. Y terminando la caravana, estaba yo junto a Maese Idrin, puesto que podíamos avisar cualquier problema que se presentara. El sonido del espadón de Maese Tormenta no duró en escucharse, en el suelo unas sanguijuelas nos atacaban con furia. Eran muchísimas y difíciles de matar por lo rápido que se movían, las dos enanas se acercaron a Idrin y a mí mientras Lurious, Gron, Maese Tormenta y el Rey Carlo espantaban a los agresivos animales. Sin embargo, los esfuerzos de los cuatro hombres no alcanzaba para amortiguar el número de sanguijuelas y una de éstas se subió al cuerpo de Helena. Presencié el grito de aquella enana y corrí hasta ella. Había caído al piso y más sanguijuelas se acercaban, por lo que frenéticamente comencé a ensartar mi mazo en cada uno de esos bichos. Cuando los demás se dieron cuenta de los aprietos, corrieron a auxiliarme y terminamos con la plaga.

Por el camino era fácil encontrar monumentos insignia hacia un desconocido héroe llamado Lucien, quien luchó contra una maligna plaga -probablemente las sanguijuelas- en las minas. El amor por este extraño héroe era frenético. Pudimos encontrar más de siete monumentos hacia Lucien en todo el camino, los enanos encargados de la historia hacen lo mejor que pueden para descifrar quién era él.

La mina no era nada más ni nada menos que una maravilla arquitectónica. La madera, que de por sí nos decía que era de hace siglos (quizás milenios) aún conservaba la mina y era su fuerza la que hacía que siguiera allí. Celeste, la carpintera, hablaba maravillada de éstas y aunque a no muchos le importaba, hay que admitir que era increíble lo que se vivía allí.

Llegamos a un puente. Éste no se veía del todo seguro, por lo que decidimos pasar uno a uno. Pasamos como veníamos en la caravana, aunque primero pasó el Rey a Gron. Este último estaba -al parecer- extasiado por la incredibilidad de la mina y comenzó a moverse de un lado a otro en el puente. Lamentablemente, la seguridad que el puente tenía a sus lados cesó y Gron cayó al vacío. Por la impresión, todos -o casi todos- los enanos fueron a ver el estado de Gron desde el puente, debilitándolo por completo. El herido agarró una cuerda que Lurious le lanzó desde allí y lo lograron subir. El único que quedaba del otro lado del puente era yo. Los demás ya habían pasado. Fue entonces cuando agarrándome del cinturón comencé a caminar lentamente por el puente. Sin embargo, cuando ya iba en la mitad de este, las cadenas que sostenían el puente cesaron y éste comenzó a caer. Pensando en si correr o caminar más lento, ví como iba desplomándose el paso entre la vida y la muerte y elegí la primera opción. Salí corriendo hacia donde ya habían pasado los demás enanos y viéndome ya caído, salté con todas mis fuerzas, alcanzando a sostenerme del asfalto en el que ellos estaban parados. El Rey Carlo y Maese Tormenta me tendieron la mano y logré levantarme de ese apuro.

Logramos pasar, sí, mas sin embargo Gron se había partido la pierna. Teníamos que llevarlo en camilla. Bajamos por el camino hasta la laguna debajo del puente y con ayuda de todos, esencialmente de Celeste, la carpintera, logramos entablillar la pierna del herido y desarrollar una improvisada camilla, la cual llevábamos al final de la caravana el Maese Idrin y yo.

Pasado un rato, un hecho no esperado sacudió nuestos cansados ojos. Encontramos una indiferente campaña instalada en medio de las bestias. Llevaban banderas rojas, aunque nadie habitaba el lugar. Allí agarramos fuerzas, comimos un poco de lo que llevábamos en las mochilas y seguimos en el viaje.

Debíamos seguir y cada vez por el camino encontrábamos más maravillas. Aunque nadie lo ha dicho, en nuestros corazones sabemos que esta mina debe tener mucha más historia que la que hemos calculado. Encontramos un gran hueco donde un brillo de esperanza irradiaba nuestros ojos. Estábamos cansados todos de luchar, de llevar las mochilas, de llevar a Gron, de seguir caminando. Era un momento tenso, todos nos encontrábamos estresados. No había forma de regresar, el puente había caído. No sabíamos si habría una salida. Cada uno de nosotros decía frases alegóricas como “Si esto es tan grande, debe haber otra entrada”, o una más común como “Estamos cerca a la salida”, sin embargo, dentro de todos estaba el insípido pensamiento de que estábamos atrapados, de que moriríamos aquí, hasta que nos comeríamos entre nosotros mismos.

En una pila de rocas encontramos una alternativa de poder vivir, un tenue brillo de esperanza, del madrugador sol. Una luz que cualquier otro enano diría que fue enviada por la mismísima Maphr. Sabíamos que había allí una salida. Fue entonces cuando dejamos todo a un lado y comenzamos a escarbar y escarbar, a dejar caer piedras y hacer del hueco de donde entraba el brillo un poco más grande. Horas más tarde, podíamos salir a la luz y sentir nuevamente el viento, el abrazador sol. No sabíamos donde estábamos, pero algo sí sabemos: Hay que investigar más.

Esta vez estaba al norte de Brigantia. Me encontraba justo al lado de mi compañero Bolter, con el que he compartido muchísimas experiencias. Asustado por escuchar pasos de una persona en una mina privada, me dí media vuelta sosteniendo la pica con ambas manos y fue mi sorpresa cuando ví un mensajero de Nueva Brigantia mirándome. Sin dudarlo dos veces solté la pica y recibí el mensaje. Estaba el sello real del Reino y una letra excelentemente cuidada, pidiéndome ir bien vestido a la fortaleza. Me despedí de Bolter y caminé hasta la ciudad.

Allí, en mi casa, me coloqué con rapidez mi pesada armadura aunque cuidándome de que todo quedara en orden. Al tenerla toda puesta, me miré al espejo y perfeccioné los detalles insignificantes que sólo uno mismo ve. Allí agarré mi Valkyrie del mesón y me lo coloqué en la cabeza cuidando de no despeinarme. Fue entonces cuando me ví memorable para encontrarme con el Rey Carlo. Monté en la Máquina, la encendí y me dirigí a la fortaleza.

Al llegar allí, como es costumbre, los guardias me abrieron la puerta y uno de ellos me ayudó a bajar de la Máquina y me señaló el lugar donde el Rey me esperaba. En mi interior habían nervios, pensamientos extraños que iban cruzándose unos a otros: No reaccionaba. Comencé a caminar hasta allí. El Rey Carlo se encontraba mirando un golem con una antocha, seguramente un adorno, por lo que decidí comenzar la conversación elogiando aquel adorno. Fue entonces cuando me afirmó que hace rato venía viendo mis actuaciones en las salidas grupales de la realeza, de mi solidaridad y compromiso con cada uno de los miembros. Me sentí en las nubes y como si hubiera resbalado, aterricé nuevamente en mi mundo cuando me pidió ser el líder de la Guardia Real. Me aseguró que los papeles que me legitimarían como tal llegarían a más tardar el día siguiente y que me considerara un Karak’a ril, que en lengua normal es “Resistencia de Piedra”.

Justo cuando me nombró así, Maese Tormenta, quien estaba a mi cargo todo este tiempo encomió mi persona diciendo que haría falta en la armada y que me deseaba suerte estando ahora sirviéndole al mismísimo Guardián del Pueblo, Rey de las Montañas, de Brigantia y de los Enanos: Me encontraba sirviéndole al Rey Carlo.

 

Y allí, caminando por los fríos y pantanosos ríos del norte de Brigantia, escuché los gemidos de un animal, de un apaleado lobo que tenía destrozado el cuerpo. Fue una bestia mitad humano mitad lobo, un engendro que llevaba consigo un palo de hierro seguramente robado de las abandonadas minas enanas. Fue entonces cuando ví como le golpeaba la cara al lobo y lo dejaba caer al río, donde un árbol caído lo enmarañó en sus ramas. La compasión invadió mi cuerpo y sin pensarlo dos veces, descolgué tanto escudo como mazo y me batí en duelo al hombre lobo.

Sus piernas, largas y estiradas le daban un ajuste perfecto de agilidad y yo, que no me destaco por lo rápido sino por lo resistente, cada vez me debilitaba al lanzarle un mazaso. También la bestia me tiraba golpes con el palo, sin embargo era fácil esquivarlos con un escudo tan grande como mi pecho y una armadura tan impenetrable como el orgullo de una enana.

Contaba ya cinco minutos y yo nada que le podía arrebatar la vida a la bestia. Mientras tanto, aquel lobo estaba ahogándose con las ramas. No podría respirar y un filo le iba cortando lentamente el ojo. Yo, bastante asustado ya por ver que sería en vano mi intento por salvar al animal, me dispuse a ser más frentero ante el hombre lobo y logrando ver un fallo en su defensa, envié con todas mis fuerzas el mazo hacia una de sus piernas. Ésta no duró en cesar y la rodilla de ese engendro quedó fracturada.

La bestia estaba aullando de dolor y por compasión le golpee nuevamente el cráneo, éste partiéndose en varios pedazos. La muerte fue instantánea. Tras eso, dejé que mis manos descansaran en mis rodillas para segundos después, recordar el animal que lentamente moría. Me dí media vuelta y colgué tanto mazo como escudo en la espalda. Salí corriendo hacia el árbol caído en el río y me adentré en el río.

El lobo ya no podía respirar, el río estaba crecido por las lluvias de los anteriores días.. Y mi altura no me ayudaba. Fue entonces cuando comencé a moverme por las ramas del árbol. Los gemidos eran más débiles, veía la muerte en ese animal. Al cabo de unos minutos, llegué a donde éste estaba y pensando más con el puño que con el cerebro, partí con mis propias manos la rama que lo estaba ahorcando. Claro, el animal pudo volver a respirar, pero sin esa rama el lobo no podía sostenerse de nada y el río se lo llevó. No tuve tiempo de llevar mi mano a la cara por mi error cuando me solté del árbol y comencé a dejarme llevar por el río al rescate del animal.

Fue entonces cuando sentí un fuertísimo golpe en la canilla. El río me llevó a una zona no profunda, logré pararme y correr y correr. Por suerte mía, el lobo tuvo mi misma suerte y su cuerpo descansaba casi a las orillas del río. No se escuchaba sonido de él, ni respirar ni gemir. Pensé lo peor. Rápidamente pasé el río, me quité mi armadura y con una túnica algo desgreñada lo sequé lo más rápido que pude. El animal volvió a jadear y fue el momento apropiado para alzarlo. Con mis manos lo llevé hasta La Máquina, lo subí al lado del motor, en un lugar donde hace calor -pero obviamente no tanto para quemarlo- y encendí el vehículo. Tras eso, lo propulsé a mayor velocidad hasta Brigantia, donde pude llevarlo a una enfermería donde sería salvado.

Por extrañas circunstancias -según dijo la enfermera- el lobo no perdió el ojo, sino que estaba lastimado y se iría recuperando a través del tiempo, sin embargo estaba muy herido y si se le dejaba nuevamente a la suerte de la naturaleza, lo más probable es que todo ese esfuerzo hubiera sido en vano. Por eso mismo tomé una decisión que cambiaría mi vida para siempre: Lo he tomado para mí. No debí dudarlo dos veces para llevarlo hasta Nueva Brigantia, donde expertos en los animales me ayudaron a cuidarlo hasta su recuperación y luego lentamente yo iría fortaleciéndolo.

Su nombre es Gordrimm, el cual en antigua lengua enana significa “Salvado de las aguas“.

Escrito desde el 12 de Septiembre de 2011 hasta el 10 de Octubre de 2011.

Anarchist Bohemians Motorcycle Club.

Hice varias cosas luego de haber quemado el Clubhouse. Una de ellas recordar las palabras que le he dado al Escocés: No esperes mi llamado. Otra pensar en la vida de McCreart, ¿qué habrá sucedido con él?, ¿habrá encontrado felicidad con Adeline? Luego de pensar en los demás, comencé a pensar en mí. ¿Y mi hijo? ¿Qué sucederá con mi hijo? ¿Y mi vida? No me aguanto más sin llevar un chaleco que me identifique. Yo en realidad no podía seguir intentando llevar los colors de BOMC, me sentía frustado, porque mientras por un lado escuchaba a Hammet diciendo que todo se hacía con una votación, por el otro lado querían asesinar a Declan sin nisiquiera consultármelo. Hace rato Mickey quería de nuevo el poder de su chapter más importante de Beduins, y he decidido no darle más vueltas al asunto e irme por mi propio camino.

Recordando todos los momentos vividos, he decidido hacer un nuevo Motorcycle Club que comprendiera lo que yo siento: Un movimiento Bohemio que no acabará nunca dentro de mi. Y mi sentimiento anarquista, porque aunque todo, está la dignidad que siempre he llevado al costado, y no, no soy de los que se deja llevar por la televisión, por el presidente o el que habla en las conferencias de prensa. En realidad, el sentimiento de patria creo que ya no existe en mi corazón, creo que es hora de acabar con todo esto. Y empezar de nuevo, como los grandes.

He buscado a lo largo de la ciudad a los hombres que integrarían al comienzo el MC. Por supuesto estaba Thomas y la persona que me arrastró por el hospital. Que me halla salvado ha sido algo fenomenal. Creo que no sólo lo hizo por nerviosismo, sino porque se sintió identificado por esta silueta motociclista que hace poco ha encontrado en su interior. Pensé en Declan.. y aún no sé que elegir, si dejarlo o no. Me hallo acá mismo, sentado en el piso, fumando marihuana y fornicando con mis pensamientos todo lo que será del club. Ya veremos.

Identificados por una calavera, nace la esencia del Club. Aunque externamente paresca infantil y espontánea, hay que tomar en cuenta los cambios que día a día se dan en la anarquía y con creces ayudarlos a levantar. No soy punk ni parecido, ni en este Club sólo se aceptan punkies, sino por el contrario, lo que intentamos irradiar es una causa anárquica, organizada así para hacer entender a la gente lo que en realidad es Anarquía. No, no es desorden y disturbios, sino orden social extremo.
Hablando más del Club, las personas que me juraron lealtad antes no se comprometieron y muchos terminaron desaparecidos, en Miami follando todos los días o algo así. Yo, Pavel, sigo acá en Los Santos, fortaleciéndome más con personas jóvenes con ideas nuevas y revolucionarias. Día a día hay más progreso, cada banda con la que nos hablamos piensan abiertamente y quizás, a algunas les halla quedado algo. Muchas personas han visto nuestro poco miedo hacia la policía y se han revelado abiertamente contra el opresor. En definitiva, ABMC va muy bien, aunque aún no hemos hecho algo representativo. Pronto, muy pronto fortaleceremos sindicatos camioneros. Ya tenemos muchos contactos, muy pronto todos sabrán.. Que vamos en serio.

 

Escrito el 30 de Julio de 2011.

A Rude Boy Dream

“Without my Rocksteady, I think my life is a lot of shit: like a Millwall’s life”

 

Nací en Londres, sí. O bueno, no, nací en Brighton, un pueblo.. más o menos cerca de Londres. En éste pueblo los que son Hooligans no son de ningún equipo Londinense sino del Portsmouth F.C. debido a su cercanía con el local del equipo. Mi padre muestra con orgullo cicatrices en sus brazos de cortes con navajas, o de lugares del estómago donde le colocaron puntos por haber sido apuñalado.. pero sin duda, lo que más mostraba con orgullo era su tuerta cavidad ocular izquierda, la cual quedó así tras ser golpeado en la calle junto con un par de amigos. Locuras de la vida, diría, o bueno, dice él.

 

Por las fechas de mi nacimiento el estado de Reino Unido había comenzado su campaña contra le fuerte hooliganismo, comenzaron a colocar cámaras y más vigilancia en los estadios.. enviaban personas en cubierto para entrar a las firmas más gordas -o bien, como se dice en Reino Unido, the Jackpots-, en fin.. comenzaron a acabar con lo que representó Inglaterra en el siglo XX obviamente aparte de su música. Entonces denegaban entradas al estadio y dejaban firmas sin poder entrar a ver desde un clásico de fútbol hasta un partido amistoso. ¿Crees que se lo buscaron?

 

Mi madre es de Glasgow, Escocia. La conoció -según me dijo él- en un bar, en el cual había parado él con unos amigos a beber algo. Mi madre tampoco era una santa, pues lleva en su frente una cortada gracias a la hinchada del Rangers F.C. Por otro lado, mi padre, fiel hincha de nuestro glorioso West Ham, odiaba todo equipo escocés, desde el Celtics hasta el Aberdeen, vino a saber que su novia era hincha del Celtics a los dos años de la relación, una relación a base de rudeza y comporamientos extraños para la sociedad londinense.

A los tres años de relación de mis queridos portadores de 23 cromosomas míos cada uno, por error de cerveza me tuvieron a mí, y por simple torpeza no hubo píldora, no hubo aborto -lo que me considera más o menos querido- ni mucho menos, aunque fuí sietemesino, quizás desde pequeño era eufórico. El hecho es que al nacer de siete meses tuve muchos problemas para vivir y agradezco a quien deba por poder estar diciendo ésto.

 

Crecí con un padre alcohólico pero generoso, que daba ayuda económica a hijos de padres muertos por Las Malvinas. A él, como a muchos de sus amigos, les parecía que esa guerra, ese confrontamiento para demostrar superioridad entre pueblos, no hacía más que enriquecer la pobreza que vivía Inglaterra en ese tiempo. Estúpido, seguramente, aunque de Historia yo no sé mucho.

¡Estudié debajo de un puente!, no, no, tampoco así, pero es que mi madre trabajando todo el día para caprichar a mi padre y él, gastándose lo poco que ganaba en ir al estadio.. como que no daba. ¡Y mas que todo teniendo un hijo!, pues era obvio que yo no tendría la mejor vida, así que a corta edad dejé el colegio, primero por falta de interés, y segundo y más importante, porque mis padres no tenían dinero.

Ahh.. recuerdo ese día como cualquier otro, desde que me subí en el horrible convertible de mi padre hasta que salimos del amurallado estadio Hammer. Recuerdo la hinchada, el unísono en el que sonaban sus voces mientras a su vez levantaban sus brazos, era alabanza y gracia, era simplemente, espectacular.

-“…Over land and sea, We follow United, with’all the flags and himns, without remorse and concern…”- Ésto estaría cantando si desde pequeño mi padre me hubiera metido más en su vida, sin embargo fueron muchos años más tarde que conocí este tipo de cánticos. No obstante, desde los once añitos ya era bastante hincha del West Ham, -Scarlet ‘n’ Blue forever-, y fue a los quince que al juntarme con el hijo de Jonathan pude entrar sin el permiso de mi padre a la gran firma, entré a los Hammers.
Escrito el 06 de Marzo de 2011.

Rispetto e lealtá – Filippo Gambino.

Hablo de los años ’30’s, cuando la solemnidad humana en ese tiempo rebasaba el hecho de ir informal, en donde el pobre llevaría su gorro roto, sus tirantes, su camisa de seda y su chaleco del mismo color del Smoking. En donde los niños llevaban en los confines de su cabeza las boinas de cuero que tanto estaban a la moda.
— ¡Martino, ven y juegas con nosotros!
— Hoy no, hoy no chicos, hay trabajo que hacer.. deberían revisar los bolsillos de papá y mamá y el plato en donde les servirán la comida, les aseguró que estará vacío. — aseguró Martino Gambino, mientras llevaba en el costado izquierdo de su ancha espalda una escopeta de bajo calibre y las recargas de esta misma en un bolsillo del chaleco café con negro.
Subió a su caballo, un caballo no muy grande, aunque en él se veía la humildad con la que era tratado; sus cabellos lisos y bastante pulcros, su tez marrón reluciente y sus ojos del mismo color con los que miraba con solemne seriedad.
Martino cabalgó por unos cinco minutos hasta llegar a la fachada en la que vivía su novia, Mónica, en donde lo esperaban siete hombres con escopetas similares y en caballos. Cabalgaron a mucha velocidad, ese día estaban eufóricos, felices del bien común, portando todos la boina que hacía resaltar sus ojos, hasta llegar a un gran territorio envallado en donde facilmente se podían detallar más de sesenta vacas bastante corpulentas. Sin pensarlo mucho, Martino y los otros siete compatriotas bajaron de sus respectivos caballos y saltaron la valla, y antes de que Ambrossio enlutace la vida de un animal, llegaron más de trece hombres con camisas de seda arremangadas hasta un poco más abajo de su hombro.
— ¡Martino, qué suerte verte de nuevo por aquí, pensé que no volverías a venir a robarle el ganado a mi padre!
— No jodas, nuestras familias pasan hambre, no veré a mis hermanos sufir por no ser nutridos.
— ¡¿Por qué hoy no te alzas a golpearnos como la otra vez, eh?
— Porque hoy no tengo ganas.
— Vamos, hoy sin armas.. —mientras levantaba sus brazos en signo de protesta—, ¡¿no tienes agallas, bastardo?!
Martino fue el primero en tirar su escopeta al piso, subirse las mangas y correr hacia los demás hombres y, sus amigos sin quedarse atrás, lo siguieron a toda velocidad, no había vuelta atrás, los habían pillado de nuevo robando el ganado a la familia Ciuffo y esta vez era grave.
Martino se destacaba por su altitud y el grosor de su espalda, a muchos le daba miedo meterse con él, sus puños de acero y su versatilidad de pelea hablando, lo hacian una persona conocida y respetada, demostrándolo contra Rocco Ciuffo, primogénito del dueño de esas tierras, a quien mató con un golpe al mentón y este, por sus cadenas nerviosas, acabó destruyéndole el cerebro y por ende, matándolo.
Cuando todo se despejó, Martino y sus amigos corrieron saltando la valla, subiendo a sus caballos, y cabalgando a una velocidad implacable: habían matado a alguien por una riña con el otro bando.

 

 

— ¡Martino, por aquí, rápido!— exclamó Ambrossio cuando corría para perder a Bringamo Carussi, humilde trabajador de Carlo, el padre del difunto Rocco. Se metió en una casa cuya puerta era de madera, y cuando entró rapidamente Ambrossio cerró la puerta y justo al momendo oyó los murmuros del caballo que lo perseguía alejarse hacia una oscuridad sinfin.
— Maldita sea, Ambrossio, ¿en qué nos metimos? — aseguró Martino luego de secarse con la manga de su camisa el sudor que le había provocado la persecución. — Ya va más de una semana en que si me asomo por algún lugar me siguen los guardaespaldas de Ciuffo.
— ¡Martino, mi amor, estás bien! — exclamó casi gritando Mónica, hasta que la calló un solemne beso hacia esa chica angustiada pero excitada por la aparición de Martino.
— Estoy bien, nada que encuentro a mi padre, creo que lo secuestraron. Ambrossio, alista los caballos y las escopetas, llama a los chicos, vamos hacia la residencia. — tiritó Martino mientras miraba con seriedad a Massimo.
—¿Serás idiota? la familia Ciuffo tiene más gente que el mismo papa, por Dios, sería un suicidio.— afirmó Ambrossio.
— Te digo que iremos, joder, no seas necio.

Los dos salieron a toda velocidad con los caballos y las escopetas, casa por casa iban llamando a sus comaradas, y ellos, con los tirantes en la mano los seguían al paso, tambaleantes muchachos que buscaban la soberanía, la simple libertad, la cual acudían a un rumbo desenfrenado. Iban por el camino cuando se encontraron el grupo de muchachos unas cuatro personas con pantalones azules oscuro y camisas de seda blancas, era obvio, eran de Ciuffo. Los cuatro hombres comenzaron a correr, irían a decirles a los demás que se prepararan, así que rapidamente Martino volteó el arma que llevaba colgada en la espalda y disparó hacia la cabeza del que iba más atrás, no fue un tiro en vano, el hombre cayó al piso. Así fueron los demás y por la velocidad de los caballos lograron asesinar a cada uno de los cuatro hombres.

Al llegar a la verja de la residencia Ciuffo, se bajaron de los caballos unos doscientos metros atrás y todos agarraron sus escopetas con fuerza, comenzaron a caminar por el cálido suelo de Manzzanno, hasta llegar cerca de la entrada, donde comenzaron los tiros de un lado a otro, rapidamente alarmaron a los transeuntes y éstos mismos salieron a correr. Los guardias que cuidaban la entradaya estaban caidos, y los muchachos lograron entrar por la puerta que prosedía al jardín de la mansión, todos corrían a un paso extravagante y siguieron los tiros, muchos caían del clan de Gambino, igualmente muchos guardias cayeron por la sorpresa que les habían pegado los chicos. Al cabo de un tiempo, entraron por la puerta trasera de la casa, quedaba poco, pensaba Martino, seguía desenfundando las balas de plomo y seguía disparando, no había vuelta atrás, fulminaba a cualquier cosa que se moviera, ahora mismo se recostaba en un pilar de la casa, salía para disparar hacia un blanco que ya hubiese visto, y cuando lo lograba, dada el visto bueno a los demás hombres y todos salían corriendo detrás de él.

Subieron al segundo piso, no quedaban más de 15 hombres, hasta que llegaron a una habitación en donde la puerta era muy grande, era obvio que la habitación no era igual a las demás, era algo importante, Martino abrió la puerta y oyó un disparo proveniente de adentro, el disparo fue directo a la parte superior izquierda del pecho de Ambrossio.
—Pensé que durarías menos, Martino— afirmó Carlo Ciuffo, ese gordo con unas tirantas gruesas de cuero marrón. — como pensé que no ibas a venir jugué un poco con tu padre— fanfarroneó.
— Ciuffo, no vengo por mi padre, ¡vengo por tu muerte! — afirmó Martino, quien en ese momento subió la escopeta y apuntó al techo. — Sufrirás por tus estúpidas acciones, tal cual como maté a ese imbécil de tu hijo.
Martino, con el sudor que ya estaba en sus cejas y que pronto le taparía los ojos, bajó la escopeta y disparó a Ciuffo, el tiro fue certero, dio en toda la mitad de su pecho, cayó lentamente al piso.
¡Victoria! aseguraban los compañeros de Martino, aunque él no les puso atención, se tiró ante Ambrossio, a quien su propia sangre lo ahogaba, su boca estaba llena de muerte, solamente pudo decir entre sollozos unas palabras.
— Cuidaa d.. de mi hermana, por favore, por favore.
El silencio se prolongó y la cabeza de Ambrossio cayó tendida en la mano de Martino, quien no pudo disimular las lágrimas que en ese momento expulsaba.
— Requiescat in Pace, Ambrossio.

 

 

Todo ocurrió como Martino se lo imaginaba, tras la muerte de Ciuffo mucha gente estuvo de lado de Gambino, quien vivía en esa mansión arquitectónicamente deslumbrante, pues Camussi, trabajador de Ciuffo, lo tomó como su nuevo Don y le ayudó a que los trámites fuesen cedidos hacia él. Bien como le dijo a su amigo, Ambrossio, se casó con Mónica y le dio mucha, mucha libertad. Su matrimonio era la noticia más importante de Mazzanno y, como bien se lo imaginarán, todo el pueblo esperaba el digno momento de ese beso que uniría de por vida y sacramentalmente la vida de Mónica y Martino.
—Dime, Mónica, ¿ésta no es la vida que nos merecemos?— la miraba de lado, los dos estaban desnudos y los espléndidos senos de Mónica posaban en el pecho de Martino.
—Oh, sí mi amor, digna vida, sacro ricordo— aseguró Mónica para luego sensualmente besar a su nuevo esposo.

El tiempo pasó, marcaba dicha y bienestar entre un ambiente maternal, pues sí, Mónica quedó embarazada, en su vientre esperaba anciosamente una luz de esperanza y prosperidad, hermoso milagro que el mundo ha dejado, santa condena, bienaventurada sea, Filippo Gambino.
—¡Puje más duro, jamás saldrá si no hay ayuda de su parte!— gritaba Dona Maria, empleada de la casa. En ese entonces Mónica gritaba sin cesar, todos sabemos que un parto no es muy suave y menos cuando no tenemos implementos.
—¡Don Martino, Dona Mónica, e un bambino!— gritó Dona María, desde ahí, todo cambiaría.

 

Escrito desde el 11 de Octubre de 2010 hasta el 14 de Noviembre de 2010.

BOMC. – Justin Holloway.

Y es que tengo que ser sincero, que ésto de escribir no me gusta. No me gusta por la clasificación social que se le tiene a un escritor, la mayoría de ellos son unos putos nerdos sin vida social, y sí, digo nerdos porque soy de Inglaterra, digo nerdos porque estudié en una escuela donde sí habían grupos sociales, digo nerdos porque en mi país se crió Pink Floyd. Digo nerdos, porque me sale de los huevos.

No por eso cambiaré de tema éste.. ¿diario?, ¿libro?, ¿texto sin sentido?, ¿una leyenda que pasará de mano a mano hasta que algún hijo de puta dañe las hojas?, porque me centro en lo que adoro, en lo que crié más que a mi perro, el cual murió por desnutrición, o que adoro más que a mi Britania. Me centro en el club, el club que dentro de poco, o en unos años, acabará.

Mickey llegó a la ciudad un 24 de octubre, estaba con algunos chicos que marcaron historia en Beduins. Llegamos e hicimos lo que haría cualquier motero, golpear a un gilipollas por sabotearnos. Resulta que es mafipandilla tenía armas, lo que nos hizo darle un tiro a uno y volver mierda a los demás. Lástima que a ese puto negro que se creía gánster murió sacando dinero del ATM, cuando le dí un tiro en todo el riñón, y es que para ser sincero, un disparo a centímetros y de un revólver no deja vivo ni a Michael Jackson.

Transcurrían los días y mis miembros se encarnaban más en el club, cada vez entraban más newbies, o bueno, en cultura general “Prospects”, los cuales, ayuntados en DIllimore en el Bebuino Cachondo no hacían problemas. Todo salió de mis manos en cuanto (o eso creo, no estoy seguro si fue por eso que tomamos un mal camino, casi tan inseguro de si el uso de éstos cositos en forma de rombo comúnmente llamados paréntesis se usan para ésto) hicimos que nuestra bodega trabajara la mierda para los negros de Jefferson y los de Ganton, aunque yo no entiendo una mierda, los de Ganton son una mafipandilla queriéndose hacerse G’s, no va al cuento.

Nos metimos en cosas difíciles, dar garantía los negros de hacer su propia mierda y los que realmente se arriesgaban era el club, pues si cogían la bodega ya llegaban a nosotros y nos acababan con todo, sí, con todo.

Más que todo me volví muy amigo de Bobby, el jefe de Jefferson, pasábamos con las burras a hablarles y esos grandes negros nos ponían bola, se paraban en frente y nos saludaban como se debía, nada de racismo ni dicriminación, joder, son grandes, o bueno, eran grandes.

Un tío de un chapter de.. joder, ya ni me acuerdo de donde era trae dinero para comprar un taller, provicionalmente quería que se centrara en solamente motos, pero como el capital lo hace todo, y ojo que no soy de izquierda, cuand oentré ví como 10 autos siendo arreglados por mis moteros. Tanta fue mi rabia con ese chico.. con Rumsfeld, que decidí irme a la mierda y luego hablar con Mickey, decirle que esa no era mi idea, y que recordara que el puto club lo llevé años mientras él se hacia pajas en Rusia. Y es que la paja RUSA no la llaman así por una razón aleatoria, estoy seguro que hay coincidencia.

El hecho es que se acordó que el taller sería para autos y motos, pero es que tómense en mi lugar: Seguro que llevaba un año sin subirme a un auto de cuatro ruedas por mi repugnancia hacia éstos.. ¡y ahora debo arreglarlos!, joder, qué jalapollas yo, haber aceptado eso.

Como se veía venir, mi grupo de moteros, concentrados en Flint y Red Country ya emigraban a la ciudad, la mayoría ya parqueaba en ese asqueroso taller, que para serles sincero, siempre odié, siempre odio, mejor dicho.

Cada día recurríamos más a las amras, y joder, recuerdo cuando en Canadá Mickey me mostró las normas de su club, me ronda en la puta cabeza cuando me decía que si teníamos problemas, rodearíamos las armas blancas y lo haríamos como hombres, pero es que la solución es darle un puto tiro en la cabeza a nuestro enemigo, luego que llegue la pasma y comprarlos para decir que fue un puto guardia de seguridad, un yonki o un ghettero. Del ghetto, me refiero.

Nos tocaron tanto las putas bolas esa mafipandilla del negro en traje que hicimos nuestra primera limpieza en Flint Intersection, por la gasolineria. Nos los pillamos en esa empresa de camiones y bajamos de nuestros caballos y a disparar se dijo, para serles sincero, parecía un videojuego de Grand Theft Auto, éramos como 5 y matamos como a 30. El hecho es que el puto negro.. ¡el puto negro!, se volvió a escapar. Pero sabíamos que estaba debilitado. ¡A ese puto negro me lo cargo yo!

Cuando íbamos a apoderarnos de Beduinstown, porque bautizamos Dillimore como nuestro, siempre habían yellowboys (asiáticos) que se creían los putos Jackie Chan o yo no sé qué mierda y se la daban de listillos, tanto asé que fueron ellos los que pusieron a utilizar la cierra eléctrica, jaja (eso de escribir jaja no me gusta, pero para el que lo lea debe dar un ambiente “familiar), recuerdo cuando Tyler tiró como las 6 partes del cuerpo a un kilómetro, dios mío, tanta sangre caida en mi cara. Nunca había sido carnicero, pero el tiempo que duré en cortar a ese anormal me gustó bastante. ¡Mierda!, acabé de acordarme que era un ruso, pero como no tengo para borrar solamente digo que era un ruso.

Cuando matamos a ese ruso se nos vino otra mafia, ¡pero joder!, esa sí era una mafia gigante. Según supe, según me dijo Mickey, era la Krásnaya Mafiya, a saber si es verdad, me cago en mis muertos de que no me importa. Mató a muchos miembros, a muchos newbies y simples trabajadores, pero esa puta mafia no podía con todos los chapters de Beduins, así que aunque no acabamos con todos, por lo menos nos dejaron de joder cuando les robamos el banco ese, dios mío, cuánto dinero para la caja del club.

Me he descentralizado en el puto tema, ya les digo que escribo muy mal, aunque no me importa. El hecho es que nos metemos mucho en armas, ya somos toda una banda ilegal, no somos pandilleros ni mafiosos, no llevamos colores ni smoking, somos Beduins, Beduins que pronto acabarán.

Fue Mickey quien le puso el nombre a la facción y fue él quien me metió al club, pero no puede decir que no fue por mí que ésta mierda aún aguanta, le hice el logo, le hice muchas cosas, cuando nos apoderamos de Los Santos Motors y ésto luego cerró hice que durara la facción, luego se fue a Rusia y eso ya lo dije, lo que importa es que llegó a la ciudad y ésto se volvió un puto kaos. Kaos creo que era un dios griego, si no mis disculpas a la gente que lo lea, si es que lo leen, claro.

Luego de años de estar en frente de ésta vaina me pregunto, ¿qué es el club?, ¿un grupo oficialmente dedicado a los trabajos delictivos?, ¿un grupo para pasar el rato?, ¿otro MC como Hells Angels, Vandidos o Mongols que se creen rudos por vender armas y hacer contrabando?, la verdad ya no sé qué somos y aquí es cuando comienza el libro, cuando las verdaderas espectativas se cumplen, Beduins Original, en todo caso Beduins el original, una búsqueda por volver al pasado y tomar el rumbo que antes tuvo nuestro club, un grupo de moteros subsistentes y persistentes, un grupo de muchachos dispuestos a luchar por la soberanía y el honor, no por el monopolio de las armas.

Supe que Mickey era una puta a sueldo, ¡que digo!, un cazarecompenzas profesional veterano de guerra. Eso lo lleva a tener contactos hasta en la marina cubana, el CTI, la policía, los sheriff, parece un Don Vito Gambino pero con chuupa y una calavera detrás. Cada vez digo que éste hijo de puta es más bipolar que Obama con sus teorías de guerra.

El club se desborona, de verdad que sí. Estaba en el Verona all y veía a una puta mona de ojos azules y me miraba y sabía que la tendría en mi cama, me doy media vuelta y lee Beduins y sale corriendo. ¡Joder, no tanto miedo, por favor! Me dirijo a sacar del ATM un dinerillo, porque Britania me comió todo el blanco y me pillo a un negro con smoking grís y sombrero. Como no discrimino ni a un peruano no le presté atención hasta que se dio media vuelta y ví esa cara de grano que tenía, el hijo de puta mafipandillero estaba dándome caña para que lo matara.. y sin más, saqué mi revólver y le dí un tiro en el estómago o cerca de éste, cayó desplomado al piso y salí corriendo, luego de correr por un minuto comencé a caminar lentamente y como sabía que era identificado por motero, salí a toda mierda, cogí mi burra y aceleré a toda mierda. A los veinte minutos quedé sin gasofa, la puta madre y los clérigos de mis testículos.

Con un enemigo menos, quedan los espaldas mojadas Brown Pride, La Krásnaya alias mafia rusa matéadios-jalameelcachete y Ganton, porque a Mickey le dio la puta idea de encerrar a uno de los punteros, cosa fácil para él, pues con una llamada ya tenía como para abastecer cada casa de Los Santos con 5 policías, y que se sepa que ésto lo digo sin joder, es el dueño de todo San Andreas.

Si no quiero morir deberé hacer que la facción tome otro rumbo, porque si miro para un lado está la mafia, para el otro están los espaldas mojadas y para el otro, tal triángulo de las Bermudas, una división pendeja en Jefferson de la cual no quiero hablar, la muerte de Bobby me dio muy duro como para seguir escribiendo de eso.

¿Saben por qué el capitalismo como sistema económico, aunque Marx lo tomaba como modo de producción no sirve?, o bueno, ¿por qué el estado y la policía no sirve para ni mierda?, porque si un tío te insulta a tu mujer y tú lo golpeas y por una razón te agarra la policía, te joden a tí. ¿Llamarías a la policía si insultan a tu mujer?, ¿dejarías que pasara de largo y como ella no es eso, no te importa?, pues yo no, simplemente porque no soy un puto civil llamacientodoce, yo me bajaría a golpearlo y cuando me agarre la pasma, me jode a mí y me demuestra que el estado no sirve para una puta mierda.

Y como el estado no sirve, tampoco la política, y es ahí cuando se piensa que en socialismo, que en comunismo, que en ultra derechismo.. que en anarquismo, yo solo digo que eso me da igual, con tal de que halla la real justicia, y entiéndase justicia como el uso apropiado que le daría una persona con incapacidad y discapacidad o una que no se valga por sí mismo, me da igual y realmente, lo que más me parece es el anarquismo.

¿Ven los que le digo?, joder, me acaba de llamar Hammet diciéndome que hay un tiroteo en el taller, pero es que son gilipollas colocando el taller al lado de un barrio totalmente lleno de panchos. Agarraré mi revólver, mi carga, subiré a mi burra y me dispondré a pasar el peaje. Un párrafo más, un párrafo menos, a cazar marrones.

 

Escrito el 06 de Febrero de 2011.

Gaia’s Heart

– A la mierda, madre. Me tienes hasta los huevos, en serio, no tienes ni trabajo por estar follando con el primero que se atraviesa, ¿y no me dejarás ir contra los Red Debils? -, dije, aunque en mi corazón sentía que mi carácter agresivo y poco común en un joven no me serviría de nada. – ¡¿Qué me dijiste, Holloway?, soy tu madre, y a mí me respetas! -, fueron las palabras que escuché de esa hermosa dama; dama que me crió, pero que por la falta de capital no tenía con qué sostenerme, aparte de arraigarme a punta de fuertes manotazos. – Así no te guste, mamá, ya trabajé para comprar la entrada al estadio, y por tus putos caprichos no dejaré de ir a alentar con Peter y la firma -, aseguré ingenuo yo, sin pensar que desde ese día me convertiría en algo que juré no ser cuando pequeño. Mi madre, casi agonizando de rabia, se echó a llorar y a correr por esas módicas escaleras hechas de una madera poco fina, en donde se plasmaban el dolor y el sufrimiento de una familia desgraciada, desdichada, infortunada.
Realmente no me importaba en ese entonces lo que pensara mi familia, igualmente le pondría los cordones a mis zapatos, los ajustaría obviamente no antes colocarme mis pantalones rasgados, a medio entubar; mi camisa encajada a mi pequeño cuerpo y obviamente y por último, esa chaqueta Lonsdale que me regaló aquella vez mi tío Alfred, al cual dejé de ver tras su ida a Irlanda.

Agarré las llaves de la casa, las cuales eran sujetadas por una cadena poco gruesa y rápidamente encanché estas en mi pantalón, impidiendo que se calleran e igualmente colocándome a la moda de ese entonces. Me encontré con Peter, Mike, John, Morgan y Arnold en ese parque deteriorado, en donde en bastantes ocaciones se podían ver vidrios rotos, la silueta de un hombre caido, el zapato que salió volando tras el patadón, el cuchillo que fue tirado aunque falló -y por eso estaba clavado en la tierra -, las bandanas de diferentes colores que simbolizaban obviamente algún equipo de fùtbol, y un largo astillero de objetos nocivos y cortopunzantes.

Luego de una no muy larga charla entre “el combo” de amigos, decidimos ir a paso rápido hacia el Highbury: estadio el cual describíamos como nuestro segundo hogar, aunque la mayoría de veces el primero, pues había alegría, melancolía, tristeza, amargura, felicidad, bienestar, desgracia y una gran cantidad se sentimientos, los cuales no se vivían ni en la casa mía ni en la de mis amigos.
Llegamos antes de lo previsto, no estoy seguro si llegamos en algún momento a correr o no, aunque si recuerdo esa satisfacción al saber que llegaríamos al estadio a ver el tan anhelado partido que nos cambiaría la vida, sí, ese, Manchester United vs Arsenal F.C., sabía que ganaríamos, y si lo hacíamos, sabría que daría mi primer golpe ante un hincha de otro equipo.

 

 

Es verdad, sí, me aloqué, la eurofia que sentía rodeaba mi cabeza y se apoderaba de mi cerebro como una enfermedad terminal. Grité hasta quedar casi afónico tras el tan deseado gol, el 1-0, lo juro por lo que más quiero que no olvidaré ese gol; ese balón pateado que rodando rápidamente reventó la cancha del Manchester, el delantero que saltó a la vez que irrumpía el movimiento del viento con su mano empuñada, el arquero que caía agotado ante un pasto perfectamente podado y el defensa que pateaba al sereno por haber dejado que el balón terminara en la cancha.
El agotador tiempo -sí, agotador, cuando lo disfrutas pasa a toda mierda, cuando no, espera una eternidad -, pasaba y yo no cesaba de gritar y alentar a mi equipo. Todo estuvo excelente hasta que acabó el partido. Nos dieron la salida primero, por lo que seríamos nosotros los que debíamos esperar a los Debils.

Salimos y veía a Peter nervioso, Arnold, Morgan y John atemorizados, quizás. Pero yo no, sentía ese exquisito amor por lo desconocido, que comencé a saltar y a mover mis brazos, algo que ahora mismo me suena ridículo. Dieron la salida a los Debils y cada hinchada lanzaba esas atemorizantes miradas que nos insitaban a acabarlas con los nudillos de nuestros puños, cosa que no tardó. Unos tipos comenzaron a tirarse piedras y botellas de vidrio, a lo que salieron al encuentro y nosotros sin dudarlo trotamos hacia la otra hinchada sin mirar atrás, sin mirar los obstáculos, los efectos que esto produciría. Cuando me veía cerca al barrabrava del Manchester, decidí caerle saltando y llevando adelante mi pierna izquierda, la cual llegó a caer al cuerpo de este hombre y haciéndolo caer. Como todo grupo, al verlo caido, comenzamos a patearle la cara y golpearle en las zonas que sabíamos, por experiencia, que dolía.

No puedo decir que la pelea fue monótona, yo alcancé a dar patadas, puños, rodillazos, codazos y cabezados a la persona que se me atravesara, algo que después me hizo arrepentir, como los dos equipos llevaban camisetas rojas, quizás golpeé a más de un Gunner.
Cuando vimos que todos comenzaron a correr, hicimos los mismo y conmovidos por lo que estábamos haciendo, creo que logramos correr a una velocidad récord. Perdimos a la policía y llegamos a la casa de John, en donde lo primero que vimos fue un espejo, en donde se veían los golpes que habíamos recibido. Sin dudarlo, fue Peter al que más golpearon, y esto se denotaba por una cortadura que tenía por toda su frente, la cual sangraba bastante. Como no teníamos conciencia de lo que hacíamos, símplemente nos limpiamos y fuimos de partido en partido, siempre salíamos con la cara desfigurada, aunque la verdad, felices, felices de lo que éramos.

 

 

– Hijo, llévese la camisa gris, que esa calienta bastante, mire que está lloviendo y según escuché, a ese partido no va mucha gente porque siempre termina en conflictos.-

Yo sé lo que dicen, ni modos que no, soy yo el Hooligan del Arsenal, soy yo el que siente el odio hacia los Hotpurs hijos de perra, pensé, aunque no me atreví a decírselo a mi madre que tanto había sufrido; la última vez que tuvimos una discusión se fue a la casa de ese viejo depravado y me dejó dos días solo en la casa, aunque para qué decir mentiras, esos dos días gasté la comida de la nevera con mis amigos mientras veíamos pornografía en la nueva definición que en ese tiempo salió.

Me coloqué la chaqueta que me dijo mi madre, porque la verdad me gustaba, era beige con tela por dentro de ella que realmente daba calor, y dentro de ella usé una camisa roja la cual tiempo atrás había grafiteado con un spray negro: esa camisa significaba rencor, odio, destrucción y rebeldía para mí. Unos pantalones negros tirando a grises y unos Lacoste blancos totalmente.

Iba caminando con el cuello de la chaqueta en alto, miraba a todos lados, no sé por qué mi alma me decía que tenía que tener precaución, me iba a reunir con John y hacer escala en su casa para llegar al Highbury y eso no suponía mayor riesgo. Pasé por el callejón lleno de charcos, giré hacia la derecha a dos cuadras de llegar a la casa de mi amigo y justo, joder, justo me encuentro con 6 ó 7 personas que portaban ropa totalmente negra con azul oscuro, y me dije a mí mismo: hasta aquí llegó Holloway. Miré con eficancia al más alto, fruñí el entrecejo, coloque rápidamente mi pierna izquierda un poco más adelante de la derecha y me impulsé con esta para ir a toda mierda hacia el otro lado. No miré atrás, sólamente valía la velocidad a la que fueran mis piernas, corrí a todo lo que pude hasta que logré ver por dónde girar; por ahí me metí y por sorpresa mía, encuentro un grupo de más de 70 hombres de rojo, quienes al ver a los Hotspurs (hooligans del Tottenham), salieron a correr a mi rescate.

Quedé atónito, joder, no sabía por qué me había quedado quieto bajo la lluvia, estuve cerca de una de las palizas más fuertes de mi vida. Cuando logré tener de luego la compostura, seguí caminando hacia la casa de Henry.

 

 

Me he metido en muchos problemas los últimos años y la verdad, desde la ida de Peter a Estados Unidos esto ha sido muy apagado, no siento lo mismo por el equipo, quizás ahora lo tomo más como un reproche para golpear y torcer narices, algo de lo cual ya me acostumbré.

Muchos me toman que soy homosexual, que amé a Peter y a todos les he hecho sangrar; me he hecho muy peleón, busco cualquier pretexto para golpear a alguien, bien sea por el equipo o por cosas mal llamadas personales. Pero, si en Grecia los conocidos tenían a sus amantes, cual Alejando Magno a Hefestión y Aquiles a Patroclo, ¿por qué mierda me llaman homosexual, si no siento amor por él, pero sí una gran amistad? es algo que me he preguntado siempre. Los griegos clásicos —como me gusta llamarlos— tenían una muy buena forma de pensar, deberían ahora los hipócritas e ignorantes políticos saber lo que tiempos atrás se discutió en un pueblo hecho de mármol.

Eran las 2:35 de la madrugada, a esas horas solamente estaba despierto si tenía a una mujer entre mis piernas, pero ese día estaba solo, por lo tanto, dormido. Me llamó Helen, la madre de Peter, y lloriqueando y esto haciendo que su voz se quebrara, me dice que Peter ha muerto, que se suicidó, que era de un mafia muy importante en Los Santos y que quería que fuera a ver al hermano de él, a William, porque debía estar muerto de tristeza. La familia Maxwell me había caido muy bien y en Inglaterra no encontraba esa pisca de.. de emoción que necesitaba, por lo que decidí llamar a Henry y pedirle que me llevara al aeropuerto, que partía y no volvería, que me muero y que necesito que mi alma encienda sus motores.
Llegué, como el padre de Pete’ era consejal de la reina, me logro hacer en puestos de primera plana, pero por mucho poder que tuviera el padre de Peter, tuve que contar casi cuatro horas esperando al avión que iba directo a Los Santos.

Así fue, miraba la nublada ciudad hasta llegar al mar, en donde sumido en el dolor y la tristeza, logré dormirme y despertar cuando había llegado a Los Santos Intercontinental (LSX), y bueno, me encontré con William, quien estaba llorando; por obvias razones lo salude. —Lamento lo de Peter, fue un buen chico.
— Yo dejé que lo agarraran, Joey, fui yo! — dijo entre lágrimas esta persona impotente ante desear regresar a la vida a Pete’, Pete’ el de las historias, Pete’ el del estadio, Pete’, mi mejor amigo.

 

 

Sumido en lágrimas, William subió a su coche la única maleta que llevaba, solamente con ropa y en un bolsillo escondido el dinero que tenía. Más que pesar sentía dolor compartido, por así decirlo, pues Peter fue un gran amigo de infancia que realmente estimaba y tener al lado a su hermano, era difícil, era muy difícil igualmente soportar las lágrimas que el acontecimiento pedía. Llegamos a su casa y aparcó el auto, yo bajé y caminé rápido hacia el maletero, el cual abrí apretando una palanca y estiré mi mano hacia el agarrador de la maleta, luego la bajé y me dispuse a entrar a la casa. La casa no era muy bella como yo creía, el barrio no era de los mejores en Los Santos, según él porque era escondido y él necesitaba uno así.

Luego de beber algo -que no era jugo de naranja-, nos fuimos hacia un muelle que tenía una vista muy bella, en donde nos quedamos para ver cómo la luna contemplaba todo su esplendor entre la angustia y la solemnidad de aquella noche. También veíamos el mar, el oscuro y realmente desconocido depósito de aguas turbias, a las que nadie conoce en su totalidad, nadie. En eso llegó un chico flaco, su estatura de por sí no era muy relevante, llevaba unas gafas que le cubrían los ojos al ser playeras y llevaba un jean oscuro con una chaqueta beige.
-Los vengo viendo desde hace un rato, no están tan contentos, ¿eh?- preguntó ingenuamente el chico con un tono algo irónico que la verdad me molestó al comienzo.
-¿Y tú por qué te metes donde no te ha pedido tu mamá?- aseguró William, quien demostró que los dos no estábamos en el mejor momento de nuestras vidas, diciendo su última afirmación con algo de furia.
-¡Épale, tranquilos, yo tampoco estoy muy bien que digamos! – exclamó el chico, al cual se le notó algo asustado al ver los gestos de su cara.
-¿Cómo te llamas?- pregunté.
-Soy Ángelo, podéis llamarme como tal, así me dicen mis amigos, aunque también a los que acabo de conocer.- respondió al que ahora sabíamos que se llamaba Ángelo.

 

 

No sé por qué me decían que estaba raro, constantemente me preguntaban si estaba enfermo, no comía, mis ojos eran velados por las moradas ojeras que destellaban en mi cara. Me dejé crecer el cabello, de igual manera mi barba, la cual dejé que asomara los bellos predeterminados. ¿De la mafia?, vamos, que de la mafia no quiero hablar, derramamientos de sangre innecesarios casi por sacear la sed y asegurar que sí éramos una mafia. Recuerdo un día en que llegamos a reclutar negros para que entraran a nuestras filas, qué puta mierda, en serio daba asco.

Algo en mi interior debía cambiar, una incesante segación de mi subconciente me decía que no vine a América a hacer lo que estaba haciendo, y ésto se reveló tras la muerte del último Maxwell, William, quien al frente de la reconocida bomba de gasolina de Dillimore, al frente de la comisaría, se disparó con una magnum, haciendo así recordarme al maestro del grunge, Kurt, pero éste llevaba su droga dentro de él. Cuando murió William, me percaté de que quedaría al frente de una mafia que no era mía, pues bien el nombre de ésta era los Maxwell Brothers, así que sin más, agarré mi viejo auto y apreté el puto acelerador y así, me sumergí por las amplias autopistas de Estados Unidos. Recuerdo que hice más paradas que lo normal, me lo tomé como un viaje, ¿y por qué no?, tanto dinero en mi maletero hecho ilegalmente que no sabía a dónde llevaría, hasta que si, llegué a Canadá a mis 31 largos y ¿prósperos? años.

Windsor, Ontario. Llegué a las 7:30 desde Toronto, en donde le alquilé la casa a un viejo. Un súbito cambio de destino me hizo llegar a esa casa, pero justamente, a esas horas, en donde no había dormido por estar conduciendo toda la noche, el auto comenzó a soltar humo desde el motor, ¡la puta mierda!, ese histérico momento en que te dan ganas de impactar frenéticamente contra una pared a 320km/h. Pensaba, joder, ahora conseguir un mecánico, como sea. Llegué al único taller mecánico que veía cerca, abarrotado con el mugre y la suciedad de sus trabajadores, todos con pantalones de cuero o jeans vaqueros, con su chaqueta de cuero con parches en ella e insignias, hasta que bueno, me atendió un tío de edad, con canas por todos lados aunque el pelo no dejaba de parecer desgreñado.
—Soy Mickey, ¿qué le pasa a tu auto?— mientras miraba el poco humo que salí del motor —Putos autos de cuatro llantas, ¡venga!, no sirven para nada.
Reí levemente por educación y por mi inocencia, mientras miraba de sobremanera los harlistas que se avecinaban a mi auto y lo miraban como si de ellos fuera, no le dí importancia, hasta que me lo arreglaron y Mickey me invitó a pasar a su oficina, una pobre y abandonada sala de charlas. Me invitó un café, los dos lo tomábamos hasta que..
—No tienes la puta cara de civil, venga, que tengo experiencia, ¿a tí no te interesaría vender ese bulto de metal y comprarte una Chopper?, ¡hazte hombre!

 

Escrito desde el 01 de Septiembre de 2010 hasta el 02 de Diciembre de 2010.