Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Volar es Vivir

Volar es Vivir

 

En verano, en una noche mansa y desprolija, me encontré con un ave recién nacida. Apenas dirigía sus primeros cantos al alba. Sus ojos eran tontos, pero intentaban ver todo; parecía comiéndose todo lo que veía a su paso.

Sus padres, como cualquier otros, cuidaron de aquella ave como un tesoro, más aún por ser la primogénita. Siempre el mejor bocado iba a su boca y el calor que cada uno irradiaba se dirigía al compacto cuerpo de ella. Me gustaba verla, había algo en aquel pichón que otros no tenían; en sus ojos se veían más ganas de vivir que las de cualquier otra ave.

Como era de esperarse, aprendió a hablar. Sus padres estaban orgullosos de aquel logro y seguramente ella también estaba feliz de poder comunicarse con los demás. En sus diálogos se obviaba su inteligencia. Hablaba con serenidad, entusiasmo, felicidad, ganas… Era impresionante su nivel a la hora de comunicarse con las demás aves. Pero algo sucedía, y es que pasó un poco más del tiempo normal y aquella ave no podía volar.

Lentamente, aunque ella no quisiera aceptarlo, su tono al hablar decaía, el entusiasmo que alguna vez tuvo ahora eran desesperados susurros de tristeza y sus ganas de vivir, cada día, decaían más y más. En algún momento debería car en la realidad: sus alas nacieron deformadas  y volar para aquella ave no era una opción.

Hablando con ella, me preguntó que si yo tenía sueños, y por supuesto, le conté más o menos los deseos que tenía para mi vida. Tener un marido prometedor, una prole sana, un lindo nido… Lo normal. Cuando terminé de suspirar pensando en mi futuro, le pregunté cuáles eran sus sueños. Me miró naturalmente, y haciéndome entender que ya lo había pensado una y otra vez, me dijo con fuerte tono: “Quisiera volar tan rápido como el viento”. Fue extraño para mí escuchar eso, ¿no podía ni volar y ya quería volar sobrenaturalmente? Le avisé que era imposible ir a la velocidad del viento, y que además para ella era imposible volar. Miró al firmamento, suspiró y asintió y de un repentino momento a otro, salió corriendo de forma desmedida a un costado del nido. Saltó con fuerza y se tiró de clavada hacia el piso. Horrorizada empecé a gritar, aunque sin dejar de ver aquella criatura. Efectivamente, la velocidad que llegó a tomar era increíble, creo yo que alcanzó la velocidad del viento.  Todo fue magia hasta que cayó al piso. Su cuerpo quedó destrozado, su cabeza fracturada y todos sus órganos descansaban revoloteados en el piso, esperando ser comida de carroña.

Fue espantoso cuando los padres de aquella ave llegaron. Como era de esperarse, todos creyeron que yo empujé a la joven del nido y me inculparon de su muerte. Luego de intentar hacerlos entrar en razón, de sus bocas soltaron la comida que fielmente traían a su hijo y con esos mismos picos empezaron a picar mis alas a tal punto de destrozarlas por completo.

¿Mi sueño? Quisiera volar muchísimo, pero muchísimo más rápido que el viento. Aunque sé que no lo lograré: mis ganas de vivir no son tan grandes como las de aquel pichón.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: