Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Verdes Primaveras en un Caño Maloliente

Verdes Primaveras en un Caño Maloliente

 

Su forma de hablar conmovió al espectáculo. Los aplausos, el asentir de las personas, la bulla de gente alagando a aquella chica se escuchaban en todo el vecindario. Aunque muchos estaban solos, se les veía con la sonrisa de lado a lado. Hasta una viejita con el carrito de helados estaba secándose las lágrimas. Más que la felicidad de todas las personas presentes, la de los padres, sin duda, era la chispa que encendía todas las otras velas. Estaban conmovidos, secándose las lágrimas y reluciendo con orgullo lo que ser padre de esa niña era para ellos.

Y entonces lloré, pero no por lo ya descrito, sino fue en el momento de volver la mirada a la muchacha elogiada. Esa niña que hace cuatro meses lucha con el cáncer sonreía y el sol le sonreía a ella. El caluroso atardecer Bogotano agradecía las alegóricas palabras de una verdadera luchadora en un mundo de caos. La simpleza de su sonrisa deleitó las cincuenta personas, más o menos, que la escuchaban. Y ahí fue cuando no pude contener más las lágrimas, cuando mis pensamientos se fueron abajo, cuando me sentí débil e inherente a la difícil vida.

La sencillez de la felicidad radica en nuestro entorno. Ser feliz no es difícil; es más: a veces nos cansamos de ser felices y buscamos el antivalor –mal llamado- como sustento más de nuestra vida. También la tristeza, el rencor, el odio, etc., son valores que nos enriquecen, que nos hacen más humanos. El problema es cuando nos es más fácil encontrar estos últimos a la felicidad. Es hora de ser felices, y en cuanto a ella, redefinir nuestra vida y partir del hecho de que estamos en un mundo sosegado por la maldad y la ira para construir nuestro futuro. La muerte nos da toda una vida de ventaja para alcanzarnos: No le temamos a ella, sólo es el competidor de al lado. Vivamos felices, sí, pero también vivamos conformes a lo que somos. Sólo el día de partir recordaremos las verdes primaveras, los veranos amarillos y los inviernos sin nieve. Sólo ese día conoceremos nuestro sexto sentido: El de aprender a vivir.

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