Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Archivos mensuales: febrero 2013

Una carta de amor al anhelo de mi corazón.

Sé que no lo leerás. Sé que no lo leerías. La sociedad, el humanismo y la diferencia entre el animal y el ser humano enajenan sentimientos tan humildes como el amor. No es tan simple como tener sexo, o acariciar un beso. Y es irónico, pues la misma ley natural —o por lo menos esa ley natural que nos vendieron— sustenta científicamente que el amor está creado por la necesidad de reproducción de la especie. “Reproducirse”, para ellos, es sinónimo de chocolate.

La vida no existe. Por lo menos no la vida individual. El amor no se reduce a la atracción, como la vida no se reduce al individuo. Sería una paradoja decir entonces, que el amor existe. Pensar es una paradoja, y por ende no tiene sentido. Pero el amor existe. Y existe porque mientras escribo esto, mis ojos se ahogan en sal. Existe, porque aquel estómago que ruge por hambre, también ríe por cosquillas hechas con pétalos. Existe, porque nada tiene sentido y todo lo tiene a la vez. Es la ley de la vida, es la ley de Murphy vilmente diseñada. Y los seres que tuvimos que sufrirla fuimos nosotros, los humanos.

El amor es ese aleteo sincronizado de los pájaros, danzando para conquistar a su parte de alma. Es el éxtasis del placer, al ver a una abuela sonriendo por ver por primera vez a su nieto. Es la satisfacción de saber que un niño que lleva años combatiendo contra el cáncer aún tiene deseos de vivir. Es, sin más, el deseo más puro de satisfacer la animalidad humana, en un sentimiento corrompido por la mente.

Y si por amor vivimos, por paradoja nos encontramos. Y si aún tenemos fuerza para vivir, aún tenemos posibilidad de amar.

Y lo sabes.

Anuncios

UN POEMA PARA VOMITAR EN PAZ

Hay muchas cosas graciosas en este mundo. Es gracioso que hace algunos días supiera que mi mejor amigo es homosexual. Más gracioso es saber que no le gusto. El mundo está hecho de paradojas. La filosofía y la ciencia se contradicen, así como el hombre y la mujer. Fidel Castro no muere, Uribe va en contra hasta de su propio gobierno, Hitler fue una grandiosa persona y Petro no improvisó su método de recolección de basuras.

Escribir es como leer, pero leer es más difícil. Estando enmarihuanado leer es imposible, mientras que escribir se torna marginalmente delicioso.

Hace un año, quizás, un niño de no más de doce años lucha contra el cáncer cerebral. Ha tenido seis cirugías.  En la última de ellas le extrajeron un tumor aún más grande que una pelota de béisbol. Ayer despertó levemente, logrando reconocer a su mamá. Yo lloro porque me apagaron el PlayStation sin guardar. Ella llora porque su novio la dejó.

Escuchando al padre que pedía que oráramos por Víctor, el niño con cáncer, mis ojos se aguaron como normalmente sucede. Pero destilaron rabia cuando escuché que es gracias a diositolindo que él está vivo. ¿Tanto vale la religión, que decide robarle las ganas de vivir a un niño para darle el mérito a un noúmeno?

Él lloró porque este año cumple veinte años, y está en décimo grado. Yo lloro porque se fue la puta luz y perdí el ensayo de filosofía.