Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Archivos mensuales: junio 2013

Díganles que me rindo.

Díganles que me rindo… y que no aguanto más. Que las pocas fuerzas que tenía ya han muerto, pero ellas no van a un lugar mejor. Sepan que me cansé de vivir entre la mierda; de ver tanto sufrimiento al frente de una sociedad podrida y corroída por un sistema asesino, además de tener una historia que da vómito y que celebra lo incelebrable.

Sigamos alabando el genocidio de nuestros indígenas a mano de los dueños de los equipos a los cuales seguimos como fanáticos incondicionales. Demos la espalda a nuestra realidad a través de los medios insensibilizados; porque eso es lo que nos gusta: ver, oler y amar lo que cagan los demás países aparentemente más importantes que el nuestro.

Celebremos el homicidio de guerrilleros, los cuales están ahí por la falta de empleo que genera nuestra narcoguerra de mierda. Lloremos a los muertos de los ricos y angustiémonos por el sufrimiento de opulentos. Caminemos por la calle e ignoremos al otro, pero enviémosle cartas a quienes jamás las leerán. Perdamos nuestro tiempo frente a un puto televisor, para que nos digan sutilmente que somos la mierda que debe ser perfumada. Ojalá nos sigan metiendo el dedo en el culo, lo disfrutemos, y luego aborrezcamos a los homosexuales. Ojalá nosotros, la manada de hijueputas, nos matemos de una vez y dejemos este mundo en paz.

Esa sería la única muerte bella.

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Me dieron ganas de filosofar.

Hay un mito popular muy extraño y es que sólo los hombres sabios filosofan. No: un hombre filosofa en tres situaciones de su diario vivir: cuando se baña, cuando está cagando y cuando va conduciendo un carro sin ningún pasajero. Es una vaina rarísima, pero así es. Aunque también, hace poco, leí un artículo que decía que los hombres que no pueden dormirse rápido tienden a ser más infieles que los que sí. ¡Pues claro! Si ese momento también es perfecto para preguntarse por qué putas uno está tan solo.

No soy estadista, pero tengo la creencia de que nueve de cada diez estudiantes de undécimo sólo piensan qué van a estudiar en esos momentos de su vida. Ahí es cuando uno explora la imaginación que tiene y se ve a futuro. Algunos nos vemos en una tarima, con las greñas largas tocando algún instrumento; otros se ven como alcaldes o presidentes, siendo aclamados por un público ensordecedor (igual a como uno se imaginaría a Jorge Eliécer Gaitán); otros se imaginan como Tony Montana en la última escena de la película, cuando lo van a matar: tirados en una silla bonita con sus escritorios llenos de coca y dinero por todos lados, cuales marranos; etc. Y otros, claro está, no piensan en eso. Y no los culpo.

Un día me dijeron que las parejas de ahora ya no se quieren. Que son vacías y buscan al otro por el miedo a estar solxs. Hoy, que estuve solo en un centro comercial, me senté y me dispuse a ver a las parejas. Creo que la persona que me dijo aquello está equivocada. “El silencio no es tiempo perdido”, dijo Cerati. No quiero ser pesado, pero hay quienes disfrutan el silencio, más que las palabras vacías. Y es lamentable que la sociedad actual esquematice a aquellas personas entre lxs “asociales”. A mí se me hace que más que asociales, son antisociales. El hecho de, por ejemplo, no perrear —que, además de ser un verbo horrible, termina siendo mejor que decir algo así como “baile en el que se acercan los genitales y se dramatiza una copulación”— también nos enfrascaría en ese grupo, o pensar en política, o ser vegetarianxs, o amar de verdad, o ver la universidad como un lugar para buscar conocimiento (mas no dinero), o escribir, o llorar por nada, o tener conversaciones más o menos sapientes, etc.

No vi alguna pareja que envidiara, pero sí una que me dio asco: un viejo bien vestido, que ni el viagra le debe dar ánimo, con una treintaañera, más o menos, con más cirugías que jugadores en un campo de fútbol. Sé que el viejito quizás la quiera.

Y hoy me hicieron filosofar porque… bueno.

Acabo de comprar un libro de Edgar Allan Poe con la esperanza de parecer más hipster. Eso sí, sin intención de seguir modas tan estúpidas como las actuales.

Ella duerme.

Qué vaina tan infantil.

La historia se resume en fechas. Lamentablemente, en un colegio no dicen por qué el pueblo colombiano se sublevó ante la corona española; dicen que el 20 de julio de 1810 rompieron un florero. Luego se preguntan qué hicieron mal; por qué Colombia no tiene historia. Por eso es que se me complica tanto recordar fechas. Soy pésimo en ello y, sin duda, me ha traído problemas. Pero sólo problemas menores (mááááás o menos). No obstante, hoy recordé una fecha que puede que no sea importante, pero sí significativa.

Uno de los problemas es que no puedo escuchar The Beatles, porque ya me acuerdo de ella. Es incómodo. Ya han pasado cuántos meses y no falta el día de melancolía. Difícil olvidar varios lugares. Pasar frente a ellos y no recordar. Recordar genera memoria, mientras que memorizar genera olvido. 

Ayer, a modo de homenaje, me aprendí Come Together en bajo. Escuchándola, me di cuenta que hace tiempo no había puesto la canción para no recordar(la). ¡Es una canción perfecta! Quizás todo ocurre por alguna razón. Seguramente ella no escuchará La Renga, pero yo, como pésimo músico, sí debo escuchar The Beatles regularmente. No quiero ser subjetivo: yo la recuerdo. ¿Ella escuchará la voz de Chizzo?

A pesar de todo creo que es lo mejor. Quienes disfrutan la vida deberían hacer eso: disfrutarla. Vender Avon ha de ser interesante, si ello da felicidad y buen dinero. Uno, que bien marica sí es, decide complicarse. Esta mañana, justamente, mi hermanito estaba comiendo gomitas. Yo las dejé porque son hechas de gelatina y esta es extraída de “la piel, hueso hervido y molido, pezuñas, huesos, tendones, órganos y vísceras de ganado vacuno, porcino, equino y avícola” (Wikipedia). Suena hasta feo, pero uno ve una gomita en forma de gusanito y ¡qué manjar! Pues yo, hace ya medio año las dejé. También estoy dejando los McFlurry, porque McDonalds es una empresa que se lucra de la mierda de comida que vende (es rica, sí, pero una mierda literalmente). ¡Dejé de escuchar The Beatles!… por lo menos hasta ayer.

Sin intención de seguir desviándome del tema (que sos vos), lo importante es no complicarse, porque eso conlleva a pensar mucho, y nosotros, los pseudopensadores, pensamos sobre todo, pero mal. Un ejemplo muy empírico: me acabo de dar cuenta que el vaso de mi café dice ‘feliz día de la madre’, y recordé a tu madre, que no sé si aún la desprecias.

Me dan ganas de escribir esto por una simple razón: no tengo ni las ganas, ni la fuerza para decírtelo en la cara. Mis líneas de texto me resguardan, teniendo en cuenta que ni sé si vas —o no— a leer esto. Ten presente que si lo lees, es porque aún piensas mínimamente en mí. Y yo aún te recuerdo.

Hoy es 2 de junio. Lo único interesante es que mañana es festivo. En un año no recordaré esta fecha (porquecomoyadijelasfechasseolvidan) pero hoy seguramente escucharé todo el día a los Beatles, veré PD: te amo, tocaré bajo —que no es una guitarra, como algún día me dijiste que te gustaría, pero se asemeja— y, desviándome un poquito, veré el partido de mi Santa Fe. En la noche, como siempre, soñaré en un peculiar centro comercial y en un anillo partido. Leeré una linda carta de un 29 de julio y escucharé bien por la noche a la Renga. 2+2=3. O quizás Voy a bailar a la nave del olvido; canciones que siempre me hacen recordarte.

Feliz día.