Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Me dieron ganas de filosofar.

Hay un mito popular muy extraño y es que sólo los hombres sabios filosofan. No: un hombre filosofa en tres situaciones de su diario vivir: cuando se baña, cuando está cagando y cuando va conduciendo un carro sin ningún pasajero. Es una vaina rarísima, pero así es. Aunque también, hace poco, leí un artículo que decía que los hombres que no pueden dormirse rápido tienden a ser más infieles que los que sí. ¡Pues claro! Si ese momento también es perfecto para preguntarse por qué putas uno está tan solo.

No soy estadista, pero tengo la creencia de que nueve de cada diez estudiantes de undécimo sólo piensan qué van a estudiar en esos momentos de su vida. Ahí es cuando uno explora la imaginación que tiene y se ve a futuro. Algunos nos vemos en una tarima, con las greñas largas tocando algún instrumento; otros se ven como alcaldes o presidentes, siendo aclamados por un público ensordecedor (igual a como uno se imaginaría a Jorge Eliécer Gaitán); otros se imaginan como Tony Montana en la última escena de la película, cuando lo van a matar: tirados en una silla bonita con sus escritorios llenos de coca y dinero por todos lados, cuales marranos; etc. Y otros, claro está, no piensan en eso. Y no los culpo.

Un día me dijeron que las parejas de ahora ya no se quieren. Que son vacías y buscan al otro por el miedo a estar solxs. Hoy, que estuve solo en un centro comercial, me senté y me dispuse a ver a las parejas. Creo que la persona que me dijo aquello está equivocada. “El silencio no es tiempo perdido”, dijo Cerati. No quiero ser pesado, pero hay quienes disfrutan el silencio, más que las palabras vacías. Y es lamentable que la sociedad actual esquematice a aquellas personas entre lxs “asociales”. A mí se me hace que más que asociales, son antisociales. El hecho de, por ejemplo, no perrear —que, además de ser un verbo horrible, termina siendo mejor que decir algo así como “baile en el que se acercan los genitales y se dramatiza una copulación”— también nos enfrascaría en ese grupo, o pensar en política, o ser vegetarianxs, o amar de verdad, o ver la universidad como un lugar para buscar conocimiento (mas no dinero), o escribir, o llorar por nada, o tener conversaciones más o menos sapientes, etc.

No vi alguna pareja que envidiara, pero sí una que me dio asco: un viejo bien vestido, que ni el viagra le debe dar ánimo, con una treintaañera, más o menos, con más cirugías que jugadores en un campo de fútbol. Sé que el viejito quizás la quiera.

Y hoy me hicieron filosofar porque… bueno.

Acabo de comprar un libro de Edgar Allan Poe con la esperanza de parecer más hipster. Eso sí, sin intención de seguir modas tan estúpidas como las actuales.

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