Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Archivos mensuales: septiembre 2013

Estamos perdidos.

Perdí mi corazón. No recuerdo dónde lo dejé. A cambio, encontré en su lugar un animal herido, sediento de sangre y muerte. Herido y con los sentidos alerta ante cualquier ataque. Lo único que él quiere es defenderse; no dejar que cualquier infeliz quiera quitarle su tranquilidad. Él quiere acostarse y quedarse allí hasta que sus heridas letales lo desangren hasta la muerte, y pueda irse en paz.

Nacemos con la única seguridad de morir. El sentido de nuestra vida, por lo menos biológicamente, es conservar la especie, por lo que nuestro organismo está adaptado para vivir sedientos por el sexo. La gente, sin más, se indigna porque nuestra realidad es tan simple, básica y cárnica, que propone leyes morales estúpidas, las cuales terminan escritas en biblias y constituciones. En los libros malditos, que parecen tener vida propia y esclavizar a quienes olvidan preguntarse por qué están viviendo.

Somos animales. El ser humano es un ser animal, y por lo tanto tiene su misma naturaleza básica. Así que si estamos heridos, haremos lo mismo que hará cualquier otro animal herido: ahogarse en desilusión y odio, como simples sentimientos básicos de defensa personal.

Y así vivimos, en la lucha entre creernos más avanzados que los animales o aceptar nuestra condición básica de seres homogéneos y planos. Muchas estupideces como la homofobia, el sexismo, el especismo, el racismo, la misoginia, etc. son recreaciones de esa lucha artificial y contradictoria que les he venido hablando. ¿Cuándo se ha visto a un león golpear a otro por tener atracciones a su mismo género? ¿Cuándo una especie ha decidido atacar sólamente a otra por odio, y no por su instinto de supervivencia? ¿Cuándo una sociedad animal ha pordebajeado a las hembras por simple deseo?

Por ende, esta sociedad insolente y creída no merece más que la muerte. No merece más que la situación de la cual no puede escapar. Todos nacemos muertos, y nuestra condición humana nos hace estar en constante descomposición.

Si encuentran mi corazón, díganle que ya no me hace falta. Ya me desangré sin él y adopté a un león en su ausencia.