Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Candy Crush

La vida resulta más fácil de explicar si la personificamos con los juegos. No alcanzo a contar con mis pelos del culo la cantidad de filósofos que intentaron explicar el significado de la vida, o el propósito de esta, más allá del lado biológico. Ninguno encontró la verdad absoluta. Y resulta que no la encontraron, porque tampoco saben de dónde vino. ¡Fue Dios! dicen los teístas, como ¡del big bang! dicen los ateos. Los pitagóricos decían que la vida nació de los números y que estos son el principio de todas las cosas. Nosotros, los panteístas, creemos que la unión de vidas componen una sola absoluta, que denominamos naturaleza.

Pero, como verán, esto de la vida es un enredo. Y eso que sólo nombré algunas doctrinas que piensan EL ORIGEN de la vida. Ni siquiera el significado de esta. Por eso tengo la intención de demostrar que el significado de la vida está en los juegos. Candy Crush, por ejemplo.

Antes de empezar a jugarlo ya todos sabíamos que era una mierda. Lo supimos, y ahora lo seguimos sabiendo. Nació del aburrimiento, sin duda alguna. Nosotrxs empezamos a jugarlo por aburrimiento. La vida no es la suma de emociones, sino la totalidad de experiencias aburridas.

Aún así, seguimos jugando. Pasando de nivel a nivel. Oprimiendo click o moviendo el dedo sin fin, mecánicamente. Y nos aburríamos… hasta que un nivel concentró nuestra atención a tal punto de la locura. Creo, sinceramente, que lo que hace interesante a ese juego de mierda (vida de mierda, para que no pierdan la personificación) es que las vidas se acaban. Y ahí estamos, esperando una puta media hora a que se recarguen los corazones para intentar, una vez más, superar aquel nivel que no nos deja dormir.

Hasta que lo pasamos, y todo es color de rosas hasta que la mierda brota hasta nuestra boca, con otro nivel. Y otro, y otro. Así, hasta que nos aburrimos de enfrentar una vida que resulta ser tan difícil y monótona, con niveles que cambian estéticamente, pero en esencia son la misma mierda. Dulcesitos que ni siquiera apetitosos resultan, y todo del mismo color: azul, rojo, morado, amarillo, verde y naranja como una gigante bandera homosexual que se mueve de un lado a otro gritando TASTY, DELICIOUS y demás mierda que nos hace pensar que nuestro futuro será feliz y poderoso, cuando la realidad es que nos terminaremos aburriendo de la vida y empezaremos a pensar qué es la muerte. Eso, hasta que otro idiota se invente un juego más pésimo que Candy Crush.

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