Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

La orejas

Es extraño… Jamás tuve las fuerzas para hablarte. Fuiste ese amor lejano, pero que día a día me hacía perder los horizontes de la vista. Amor inmaduro, de esos que nos muestran en las películas. Yo, viéndote cada veinticuatro horas. Tú también me veías, no nos mintamos. Tú tenías novio y mi corazón le pertenece a otra persona desde hace mucho tiempo. Aún así, me duele no volver a verte, ni haberte dicho “hola”, ni haberte hablado de mis problemas -o los tuyos-, ni haberte asegurado que me pareces hermosa, en comparación a la perra de tu amiga.

Este amor del que hablo roza la locura. El daño que te hubiese hecho habría sido descomunal y, vi en tus ojos, que no eres tan fuerte como para haberlo asimilado. Esa humildad y nobleza en tu mirada, digna de un amor platónico, no me la quitaré de la cabeza durante un largo tiempo. No sé ahora mismo, si te amo como amo a mi mamá, o si lo hago como a la chica que amo.

A fin de cuentas, lo nuestro jamás pudo haberse dado. Querida, te lo digo de corazón: no te dejes influenciar de esa manada de anormales parlantes, y sé tu misma. Eres diferente a las demás niñas; se te nota en la cara. Y para finalizar: eres mi amor platónico número dos, después de mi ahijada de seis años.

Lo que pasa es que los amores platónicos no sirven para una mierda.

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