Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

En la superficie

Estamos en un pantano podrido, todos. Él, intentando arrastrarnos hacia su interior día tras día, y nosotros, tercos y testarudos, intentándolo impedir con toda la energía de nuestra vida. Cada minuto nos desgasta más, agotando la fuerza interior que obtuvimos al nacer. Cada gota de sudor, o derramamiento de sangre; cada grito, o cada súplica; cada risa, o cada sufrimiento; cada beso o cada cachetada… Todo se resume a lo mismo: a nuestro esfuerzo inhumano de no parecer entre la putrefacción del pantano.

La vida no tiene otro sentido que la lucha que, a fin de cuentas, siempre termina siendo contra el pantano. La libertad, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia, el respeto… Todas son luchas para no ahogarse en la cínica, pero temerosa espesura del pantano de la muerte. Esto porque no hay otra posibilidad para luchar por la vida que la ingenuidad. Sí: sólo los ingenuos creen que pueden nadar hasta la frontera del pantano y refugiarse en la tierra infértil y muerta. Hace tiempo que las garras de las profundidades nos retienen con la única intención de obligarnos a hacerles compañía. Animal por animal, humano o no-humano, perecemos ante la inagotable fuerza de la muerte. Nuestras energías se agotan, luego de los años, hasta que no queda un centímetro de esperanza en todo nuestro cuerpo. Y nos ahogamos. Y llegamos a lo más profundo del pantano, donde descansamos inconscientemente, y aparentemente hasta el fin de los tiempos.

Jamás descansamos.

La energía que algún día creímos perder, jamás murió. Sólo se transformó, y las batallas y las luchas y las gotas de sudor o de sangre, y los gritos y las súplicas y las risas y los sufrimientos y los besos y las cachetadas y el amor y la felicidad… Todo cobra sentido. Nada fue en vano. La energía que utilizamos para todo aquello fue a un mejor lugar. Magnífico este e infinito, inimaginable, omnisciente, invencible, hermoso, extraño, desordenado… que los humanos, ingenuamente, llamamos naturaleza.

Es ahí donde nos enteramos que el pantano cumplía las órdenes del todo. De nosotros mismos, además. La energía necesita ser transformada; fluir. Salir del pantano y darle vida a la tierra infértil y muerta; a los árboles sedientos de minerales; a las flores deseosas de deleitar el mundo con sus colores; a las montañas con la intención de vestirse de verde; a las estrellas con inentendible cantidad de energía; a los planetas, que luchan por tener vida; al mismo espacio, que todo el tiempo que lleva existiendo y no-existiendo siempre ha codiciado tener los colores que orgullosamente portan los planetas; a la vida misma, que por el hecho de vivir, busca tener sentido.

A los seres vivos, que por el hecho de luchar toda su vida y transformar su energía, hace que todo sea posible y que todo tenga sentido.

A ti y a mí ya todos.

Nacimos libres,
y libres moriremos…

o no.

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