Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Archivos mensuales: abril 2014

Sangra.

Corren ríos de sangre,
sangra la estatua en la iglesia.
Senderos envenenados de angustia,
envueltos en el odio de la guerra.
Soldados desmembrados, sin cerebro,
celebran la muerte de un guerrillero.
Encomendados a la virgen maldita,
escupen dolor y fuego.

Hay sangre en todos lados,
mi muñeca eyacula sangre.
¿Qué soledad es la que me cierne
si siempre hay alguien a mi lado?

Más bien es la vida la que sangra,
que con su sangre nos tiene atados.
Un precipicio de oscura suerte,
al que caemos cegados y con balanza.

¿Qué hay de bello en la vida
que no en la muerte?
Que la vida es visible,
mientras que la muerte es incierta.
Que la vida es pasajera,
y que la muerte nos espera.

Mi viaje en Anemia.

Todos somos negro.

Anemia es un planeta deshabitado de vida sensible o racional. No obstante, allí se encuentran todas las condiciones para vivir: agua, comida, materias primas para ropa y vivienda, etc. Parece ser que Dios olvidó dicho lugar y omitió habitarlo. Quizás era muy perfecto y propiciaba la perfección más que el planeta tierra. Sus habitantes podrían obtener todas las virtudes con facilidad, y eso a Dios no le gusta; no le gusta que sean como él.

Si de algo la humanidad está segura, es de que nacimos de lo negro. Tanto la Biblia como las teorías científicas coinciden en ello. «Antes todo era oscuridad»; «la oscuridad es la ausencia de luz». Esto quiere decir que, efectivamente, nacimos de lo negro. La galaxia surgió de lo negro. Anemia es un país que no está en la galaxia, sino en ese espacio cada vez menor, en el que la galaxia se extiende milésima tras milésima.

Platón denominaba dicho país “el mundo de las ideas”; aquel mundo perfecto en el que no hay vida, y al que todos deberíamos llegar alguna vez. Es allí donde reposa la libertad, la voluntad y las virtudes; el amor puro y la satisfacción máxima; la verdad sobre el aborto y el matrimonio homosexual; la verdad sobre el socialismo, el capitalismo, el anarquismo, etc.; la verdad sobre el origen de la vida y el universo.

Probablemente ese mundo no tenga colores. Yo, en mi viaje a Anemia, vi colores psicodélicos y abstractamente hermosos. Comprendí la razón de las vanguardias y caminé por La persistencia de la memoria; Impresión, sol naciente; Le pretre Marie y, al fin y al cabo, comprendí que el único sentido que tiene la vida es lo absurdo, el dadá y la nada (con razón existe dadaísmo y nadaísmo). Y que todos estamos sumidos en la estúpida complejidad de la vida racional.

Y que no somos libres, sino que somos esclavos de la libertad, de los instintos, y de la voluntad.

Pasa que alguien mueve las cuerdas desde arriba.

Viva la anarquía.

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