Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Los Prisioneros del siglo XXI.

Todos, o la gran mayoría de latinoamericanos, conocemos al grupo que se reveló de los setentas; aquel que escupió a Elvis Presley y al rock estadounidense. Nacidos en las comunas chilenas, Los Prisioneros revolucionaron con su Voz de los 80 la historia del rocanrol sudaca. Baterías marchantes, dictaduras militares, pueblos al sur de Norteamérica y muchas ganas de gritar «¡mierda!» al Establishment de finales de siglo XX. Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia fueron los precursores de toda una ola de rockabilly nacida en la selva amazónica y la cordillera andina. Eran The Clash latinos. Fueron sus letras irónicas (como Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos, o Maldito sudaca) las que le dieron un espíritu a nuestra música y nos regalaron por dos décadas el verdadero sonido del rock sudamericano.

Y sin duda, el cerebro de la banda fue Jorge González. Fue el compositor de la gran mayoría de canciones de Los Prisioneros y su voz, lejos de ser tierna y armónica, alentó a todo el pueblo a gritarle «¡quieren dinero!» a la clase dominante del país. Era (y ojo con este “era”) un capo en el bajo y logró unir ritmos para construir toda una escena musical que los llevó a la fama desde la Patagonia hasta el más triste y desolado pasillo de la White House. Pero lejos de mantener la escena del rock unida, su mal genio lo hizo expulsar a Narea (el guitarrista) de la banda. Y de allí… nada. Nace el peor disco de Los Prisioneros: Corazones. ¿Que si se puede sacar una que otra canción de allí? Sí. Pero si se ponen a escucharlo, se darán cuenta que no es más que las típicas cursirockerías que se estaban gestando en ese momento en Estados Unidos. Como era de esperarse, el grupo finalizó con este fracaso, hasta que en 2001 volvieron a reunirse.

Y sí: el concierto dado en el Estado Nacional de Santiago, con más de 150.000 personas es impresionante. Quizás uno de los mejores toques grabados de principio a fin de todas las bandas sudacas. Pero ahí estaban los tres: González, Tapia y Narea.

En el 2003 vuelven a separarse, esta vez para toda la vida. Cada uno hace su carrera de solista y tal, pero en estas se nota que no son nada sin los otros dos. Así que luego de varios años, Jorge González inicia su gira a nombre de Los Prisioneros y, a su vez, Narea y Tapia, también.

Claramente, el público entenderá que la esencia del trío chileno se encuentra en su cantante, y no en los otros dos. Por eso, las súperempresas lo contratan a él (a González), y no a los otros dos. González estuvo en Viña del mar en 2013 y en Antofagasta en 2014, mientras que Narea y Tapia tocan sólo en lugares perdidos, desconocidos, en giras ciertamente precarias y en países únicamente sudamericanos. La plata no les da pa’ más. En contraste, González ha hecho giras por toda Europa, ha estado casi un año en Alemania y cada vez su cursirock es más parecido a lo que él estaba en contra «por allá por la década de los ’80».

Para la muestra, un botón: 

Narea y Tapia, tocando Quieren dinero: https://www.youtube.com/watch?v=rZR-ur1wf3E

Jorge González, tocando Quieren dinero: https://www.youtube.com/watch?v=A81hJU2Hxqk

Y ya para dejarlos en paz, los dejo con lo que piensa Narea de González. A ambos se les nota el odio, ¿no? https://www.youtube.com/watch?v=bNsPVHdLtg8

 

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