Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Archivos mensuales: julio 2014

La extraño tanto

De pequeño, a los once años, hice un viaje de un mes a Canadá, solo. Y con solo me refiero a sin papás, ni tíos, ni abuelos, ni hermanos, ni familia. Solo. Y recuerdo que una semana antes de volver, logré hablar con mis papás a través de un teléfono de casa al cual nos podían llamar. Ese día lloré porque a través de la línea oí a mi hermano (de tres años en ese momento) llorar y gritar que quería a su hermano. Y fue molesta la vaina, porque estaba al lado de todos mis amigos, quienes, con una delicadeza impresionante, no se rieron de mí. Y no se rieron porque, seguramente, también los extrañaban. Muchos se hubieran cagado de la risa, pero ellos jamás me hablaron de aquello. Jamás.

Ahora tengo 18 y vuelvo a estar lejos de mi tierra natal. Esta vez con mis papás y mis tíos y mis abuelos y mis hermanos y mi familia. Y uno piensa que siete años hacen la diferencia; que uno ahora es más fuerte y que no va a extrañar a nadie. Mentira.

Me siento muy identificado con ese sentimiento de hace exactamente siete años, porque, igual que ese viaje, ya me quiero devolver a Bogotá. Y esta vez no son mis papás, ni mis tíos, ni mis abuelos, ni mis hermanos ni mi familia, sino la chica a la que amo y que he amado durante todo este tiempo la que me tiene el corazón inundado de lágrimas y de deseos de abrazarla con fuerza por la espalda, intimidarla con mis labios en su oreja y decirle suave y sutilmente que la amo y que la amaré por siempre; que no he visto ojos más hermosos que los suyos; que su cuerpo desnudo no se compara con el de ninguna otra mujer en el mundo; que me encanta cómo mi cuerpo encaja con su cuerpo y cómo nos miramos por segundos y minutos y horas a los ojos sin expresar palabras; que daría cualquier cosa por tenerla ahora mismo y no dejar de verla jamás; que estas palabras cursis no me alcanzan para describir todo el amor que siento por ella y que ahora mismo me parte el alma, igual que hace siete años pero con mayor intensidad.

Y resulta paradójico. Hace siete años no quería que mis amigos me vieran llorar. Hoy hago pública mi tristeza. Debe ser que nunca superé que no se hubieran reído de mí.

Anuncios