Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Archivos mensuales: septiembre 2015

Escribiendo inteligentemente

Uno escribe muchas maricadas, por lo cual hoy he decidido tratar de escribir algo inteligente. Y créanme que no me gusta, porque escribir cosas inteligentes requiere no de esfuerzo, sino de valentía.

Me he puesto a pensar qué amo y qué no amo de mí, porque me amo a mi manera y he olvidado odiarme. A veces el odio propio no es tan malo; está subvalorado. Todo, de hecho, necesita un equilibrio: si uno no se ama tanto como se odia, puede que la hijueputez se lo coma vivo a uno. Por eso he decidido pensar qué puedo odiar de mí y qué no.

De hecho odio pensar tanto en dios. Creo que soy católico. Comenzó chévere, porque lo hacía con ánimos poéticos y artísticos, pero ahora pienso en él hasta cuando cago. Siempre lo insulto, por supuesto, pero me molesta pensar tanto en él. ¿Será que quiere que me vaya a vivir a su casa? ¿Que le entregue mi culo? No lo sé. Él nos creó en una semana ¿y somos nosotrxs quienes debemos recordarlo todos los días? ¿Todos los domingos? ¿Y es que él no tiene el deber de recordarnos de vez en cuando? Ya pasaron 2015 años y este marica no aparece. Quizás por ello pienso tanto en él. Quiero que venga, bien sea para asesinarme o para convertirme. Sea cual sea su decisión voy a estar, igual, muerto.

Odio ser tan dormilón, y no porque considere que dormir sea malo, sino porque cuando no puedo hacerlo me cago el día con facilidad. De hecho, dicen que me vuelvo histérico. Me gustaría ver eso. Yo siento que simplemente me vuelvo más yo.

Odio amar la música que me gusta y odiar la que no, porque muy en el fondo eso significa que no soporto a la gente que no es igual a mí. La música me construyó y por eso creo que quienes escuchan mucho reggaetón están construyendo mierda en ellxs mismxs. ¿Es eso muy malo? Pues sí, porque si termino amando a una persona igual a mí, al final terminaré odiándome. Y es que el amor es sustancialmente el odio hacia algo mejor que uno. Uno no ama lo inferior; ama lo que considera mejor que uno. Por eso es que quienes sustentan que «los polos se atraen» en realidad quieren decir que se odian con todo su ser. Yo quiero a alguien que me soporte, que yo soporte, y que tenga la personalidad para darme una cachetada en esos días en los que critique su música. Porque si no, estamos fregadxs.

Siguiendo… odio odiar a la gente más libre que yo, porque es injusto que alguien que ama la libertad no pueda serlo más que a quienes les da igual. De hecho esa podría ser precisamente la razón. ¿Será que buscar más libertad nos esclaviza a buscarla? Es decir… quienes no la buscan no están esclavizadxs a buscarla y, por ende son más libres…

Odio ser hipócrita. Creo que todo lo anterior no lo odio.

En fin, para escribir inteligentemente hay que ser muy valiente y yo, confieso, odio ser cobarde.

Las nuevas orejas

Se configuran como raíces libertinas,
predestinadas a crecer hasta conseguir el agua, los nutrientes
y la vida misma del universo.

Son los buitres de la tierra;
las Robin Hood del árbol.
Son la causa de un crecimiento que dentro de no mucho la hará el tronco más largo del bosque,
en donde los micos y los demás animales se suben
para disfrutar la vida que el árbol les quitó;
para disfrutar la vida que el árbol les hizo imposible.

Así son las nuevas orejas,
las visiones borrosas del destino,
los aullidos de un lobo emancipado.
Así son las nuevas orejas,
digo,
bien hijueputas.

En esas fronteras inciertas,
en ese caos moribundo,
allí se hayan las raíces,
así no lo sepan.
Yo lo sé, y eso me basta,
porque de ser por las raíces
me ahorcan hasta dejarme sin aliento.
Me matan, me violan y me roban la vida,
aquella vida
que nunca tuvo sentido.