Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Escribiendo inteligentemente

Uno escribe muchas maricadas, por lo cual hoy he decidido tratar de escribir algo inteligente. Y créanme que no me gusta, porque escribir cosas inteligentes requiere no de esfuerzo, sino de valentía.

Me he puesto a pensar qué amo y qué no amo de mí, porque me amo a mi manera y he olvidado odiarme. A veces el odio propio no es tan malo; está subvalorado. Todo, de hecho, necesita un equilibrio: si uno no se ama tanto como se odia, puede que la hijueputez se lo coma vivo a uno. Por eso he decidido pensar qué puedo odiar de mí y qué no.

De hecho odio pensar tanto en dios. Creo que soy católico. Comenzó chévere, porque lo hacía con ánimos poéticos y artísticos, pero ahora pienso en él hasta cuando cago. Siempre lo insulto, por supuesto, pero me molesta pensar tanto en él. ¿Será que quiere que me vaya a vivir a su casa? ¿Que le entregue mi culo? No lo sé. Él nos creó en una semana ¿y somos nosotrxs quienes debemos recordarlo todos los días? ¿Todos los domingos? ¿Y es que él no tiene el deber de recordarnos de vez en cuando? Ya pasaron 2015 años y este marica no aparece. Quizás por ello pienso tanto en él. Quiero que venga, bien sea para asesinarme o para convertirme. Sea cual sea su decisión voy a estar, igual, muerto.

Odio ser tan dormilón, y no porque considere que dormir sea malo, sino porque cuando no puedo hacerlo me cago el día con facilidad. De hecho, dicen que me vuelvo histérico. Me gustaría ver eso. Yo siento que simplemente me vuelvo más yo.

Odio amar la música que me gusta y odiar la que no, porque muy en el fondo eso significa que no soporto a la gente que no es igual a mí. La música me construyó y por eso creo que quienes escuchan mucho reggaetón están construyendo mierda en ellxs mismxs. ¿Es eso muy malo? Pues sí, porque si termino amando a una persona igual a mí, al final terminaré odiándome. Y es que el amor es sustancialmente el odio hacia algo mejor que uno. Uno no ama lo inferior; ama lo que considera mejor que uno. Por eso es que quienes sustentan que «los polos se atraen» en realidad quieren decir que se odian con todo su ser. Yo quiero a alguien que me soporte, que yo soporte, y que tenga la personalidad para darme una cachetada en esos días en los que critique su música. Porque si no, estamos fregadxs.

Siguiendo… odio odiar a la gente más libre que yo, porque es injusto que alguien que ama la libertad no pueda serlo más que a quienes les da igual. De hecho esa podría ser precisamente la razón. ¿Será que buscar más libertad nos esclaviza a buscarla? Es decir… quienes no la buscan no están esclavizadxs a buscarla y, por ende son más libres…

Odio ser hipócrita. Creo que todo lo anterior no lo odio.

En fin, para escribir inteligentemente hay que ser muy valiente y yo, confieso, odio ser cobarde.

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