Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Matarte

¿Se han preguntado por qué todo asesinato es considerado malo en la actualidad? Y perdón por la pregunta. De hecho puede resultar cínico el simple hecho de formularla, pero es que la idea de que toda vida es sagrada a veces roza en la estupidez. Hoy quiero ser egoísta, y voy a buscar mi satisfacción por encima de cualquier vida mundana y material. Tras meditarlo por poco tiempo declaro, sin vacilación, que me libero de todo, hasta de ti. Me libero de toda moral que me impida ser tan triste o tan feliz como yo quiera. Me mamé. Hoy, para hacer de mi vida más digna voy a hacer lo que debí haber hecho hace mucho tiempo: matarte.

Y es que es eso: tan indigno como inesperado, el hecho de que hayas llegado así, de la hermosa Nada, a mi vida. Me gusta pensar que llegaste como un siervo cojo a un león hambriento. ¿Reprocharían ustedes que el león se alimentara? ¿Me reprocharán entonces cuando por fin te mate? Y ojo, que no estoy diciendo que seas una presa para mí, sino todo lo contrario: un ser de admiración, de regocijo, pero también aquel en el que la venganza debe materializarse.

Y quiero matarte de tantas formas…
Quiero asfixiarte para robarte el aliento, tal y como tu aliento me robó el corazón.
Quiero bañarte en fuego; quemar tu cuerpo para que por fin, convertida en humo, pueda verte y tenerte en todas partes.
Quiero electrocutarte sin condescendencia, hasta la muerte, para que sea esa ráfaga de electricidad la que me haga bailar contigo por primera y última vez.
Quiero apuñalarte justo en el corazón, para que sientas lo que sentí yo cuando me clavaste aquel aguijón en el mío.
Quiero envenenarte y corromper cada centímetro de tu cuerpo, del mismo modo que tu saliva, siempre tan afrodisíaca, impregnó desde el cerebro hasta mi alma un virus tan peligroso como dañino: la adicción a tus labios.

Estoy sesgado no por el odio, no por la venganza, sino por esas ganas tan espantosas de tenerte para siempre, aun después de que yo muera. Y si tengo que vender mi alma al Diablo, a Dios, al Tío Sam o a quien hijueputas se meta en mi camino, lo haré, porque antes de que reviente mi corazón debo asesinarte, pues tu sangre siempre se verá más bella, más inquieta, más roja, que la mía.

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