Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Archivos mensuales: enero 2016

Paludismo, delirios y fuego

Mis noches son un despertar y dormir continuos, marcadas de delirios, sueños reales y visiones falsas.

2:02 am. Suena una alarma. O no. Sonó una alarma en mi pesadilla. ¿Acaso sigo soñando o estoy despierto? De hecho no sé la diferencia entre ambas cosas… y menos esta noche. Creo que no fue una alarma. Fueron las campañas de una iglesia. ¿Qué iglesia queda cerca a mi casa? ¿Dónde es que estoy? Esto no tiene sentido. Estoy en el medio de la nada. En la jungla no hay iglesias, o por lo menos no iglesias humanas. No entiendo nada. Cierro los ojos. Necesito abrirlos.

Cuando levanto los párpados, en el corto tiempo que demoro en abrir mis ojos, siento que soy otra persona, o por lo menos otro ser corpóreo; un demonio que me posee con párpados gordos, fornidos, con arrugas y piel dura, gruesa, y con pestañas de algo parecido al hueso, pero levemente más delgadas. Al abrir los ojos me doy cuenta que Dios no existe, que es un farsante, que todo es una mentira. Este mundo es producto del Diablo, a lo igual que la música, la literatura, el arte, las humanidades, la ciencia: el conocimiento. Él nos quiso libres, mientras Dios nos creó ignorantes. En la manzana del árbol prohibido no encontramos pecado, ni sacrificio, sino sabiduría.

La oscuridad se apodera de mí en esta noche sin precedentes. Mi visión está cada vez más debilitada por las sombras. Son sombras cada vez más borrosas, más oscuras y, por más que intento, no puedo ver mis manos, ni mi nariz, ni mi vida. Sólo veo oscuridad, delirio y muerte.

De pronto, muy a lo lejos, denoto un montón de algo; otro ser corpóreo parado con ojos brillantes que me mira, que no deja de mirarme y que se ríe. Pronto me percato que no está tan lejos, que de hecho está ahí, al frente de la puerta de mi habitación, con una sonrisa macabra y unos dientes afilados. No logro distinguir si me sonríe o se está riendo, o se está burlando de mí. Me compongo. Le sonrío también. Levanto mi mano derecha con las únicas fuerzas que tengo; me pesa mucho el cuerpo, tanto que no puedo moverme… ni gritar. Mi garganta se siente asfixiada por una mano que no existe. Cuando mi mano está entre la mirada de ese ser y la mía, levanto mi dedo del medio. No te tengo miedo, asquerosa criatura.

En ese momento, tengo un frenético momento de cordura, y me veo a mí mismo, acostado en la cama, con la mano levantada sonriéndole a la puerta, sin nada ahí. Me desmorono. Estoy volviéndome loco. Bajo la mano con pena y me acuesto boca arriba. Aun mis ojos, así estén cerrados, siguen detallando cada parte del cuerpo de la criatura que me miraba, o por lo menos que creí que me miraba. Pronto me vuelve a invadir la oscuridad; la neblina negra que es cada vez más oscura y más pesada. Duro un par de segundos en percatarme que tengo los ojos cerrados. Al abrirlos vuelvo a sentir que no soy yo, que soy otra persona, esta vez un ser humano común y corriente, pero distinto a mí. En esas milésimas de segundo siento el cuerpo de otra persona conmigo adentro. Y cada segundo es más difícil distinguir entre la verdad y el delirio. Llevo mi mano izquierda a mi frente. Sólo al tocarla me doy cuenta que estoy empapado en sudor. También me percato que estoy anormalmente caliente: tengo fiebre. Los delirios se acentúan. Mi cama está ardiendo en fuego. ¡El Diablo ha venido por mí! El Diablo quiere devuelva al demonio que me tiene poseído. El Diablo sabe hacer sus cosas sin que Dios se dé cuenta. A lo lejos escucho sonidos repetitivos de caricaturas animadas. Son dos o tres segundos de caricaturas animadas que se repiten una vez tras otra, sin parar, mientras mi cama se quema, mientras mi frente se quema. Por un momento puedo ver el vapor que sale de mi cara y en el vapor veo la silueta de mi rostro gritando o llorando, no lo detallo lo suficiente. Trato de mover mis piernas o mis brazos, pero es imposible. Tengo que pedir ayuda.

De un momento a otro, un segundo momento de cordura se apodera de mí. Veo el techo de madera de mi habitación. Siento las puntas de mis dedos tan lúcidamente como siento las gotas de sudor entrar a mi oído. Aun no he terminado la noche, pero tampoco la noche ha terminado conmigo.

Se alumbra el celular. ¡Puedo pedir auxilio! Lanzo mi mano hacia él y muy pronto me doy cuenta de lo lejos que está. Debo mover mi cuerpo. Es imposible. Recuerdo que mi celular puede desbloquearse con un comando de voz y comienzo a gritarlo con desesperación. ¡Hola, Sara! ¡Hola, Sara! ¡Hola, Sara! Tres gritos son suficientes para entender que lo que estoy haciendo no tiene sentido: mi celular nunca tuvo configurado un comando de voz. Y Sara, que se encuentra a miles de kilómetros de donde estoy, no podrá escuchar mis saludos.

2:58 am. Esa es la hora aproximada en la que falleció mi cuerpo, o por lo menos esa es la hora que anuncian los médicos. Fiebre. Aun no reconozco la realidad de la ficción. Estoy muerto, lo sé. Ya es de día y el sol no me molesta la vista, el cuerpo no siente hambre ni la boca sed. Quiero comer sin hambre; quiero beber sin sed; quiero volver a estar vivo y sentir, por última vez, los placeres de la comida, el sexo y el amor. Sara me escribió a las 2:46. ¿Qué hubiera pasado si le respondía? ¿Qué me escribió? ¿Qué hago muerto si en vida aun me quedaba tanto por hacer? ¿En serio nadie urilizará mi cuerpo? ¡Pero si está sano! Quiero comer… quiero comer. Quiero comer sin hambre; quiero beber sin sed; quiero volver a la vida. Quiero decirle lo mucho que la quiero, que la extraño, que la necesito. ¡Búscame en la muerte, amada mía! ¡Búscame en el sol! Me quemo y no es por el fuego, sino por tu ausencia. No quiero vivir más esta muerte sin ti. ¡Muerte no es estar lejos de mi cuerpo, sino de tu corazón!

Recuerdos centrales

Cuando uno ve la película Intensa-mente lo usual es cuestionarse muchas cosas. Yo me la he visto una vez en compañía de una psicóloga, y admito que analizar con ella la analogía que hacen del cerebro fue genial por un lado, pero perturbador por el otro. De hecho, la pregunta de qué situaciones de la vida habrán hecho que aparecieran los «recuerdos centrales» en nuestras cabezas no tiene una respuesta sencilla. Según la película, son aquellos recuerdos que marcan la personalidad, el temperamento y, en general, la conducta de la persona. Yo me lo pregunto y me traumatizo solo.Supongo que lo más fácil es hacer el ejercicio al revés: en vez de preguntarse por el recuerdo, preguntarse por qué es lo que regula nuestra conducta. Yo, por ejemplo, pienso primero en la música y luego en la política. Y del primero se me viene a la cabeza una imagen mía, a los dos o tres años, con una guitarra cantando “La culebrita”, de Carlos Vives. También recuerdo que en cuarto de primaria uno de mis mejores amigos me cuestionó muy casualmente con una pregunta que me quedó grabada para siempre: «¿qué le gusta más: el ska o el punk?». Yo, confieso, no conocía ninguno de los dos géneros. Ahora son mis géneros favoritos.

Respecto a la política… bueno, es algo más complicado. Quizás la culpa sea también de la música. Un niño de primaria oyendo bandas como Skalariak (de la izquierda marxista), Non Servium (banda skinhead atea, antifascista y revolucionaria), Ska-P (banda vendida de mierda), entre otras, no tendrá un resultado diferente a lo que soy. Además en segundo de primaria compré un disco de Mägo de Oz con un espíritu panteísta, pagano y anticatólico (Gaia II) que quedó impregnado para siempre en mí. Eso: la libertad que mis padres me dieron para escuchar lo que quisiera, buscar en internet lo que quisiera (sí, me masturbo desde los 11 años) y, en fin, leer lo que como joven me interesara, dejó en mí el germen de la política.

Les invito a que lo piensen. La vida es muy extraña y simplificarla de vez en cuando, tal y como lo hace Intensa-mente, quizás sea una herramienta para hallarnos a nosotros mismos. El mundo es muy grande y ni se diga el universo, pero más grande, oscuro y tenebroso es mirar hacia adentro. Nuestros miedos, nuestra felicidad, nuestra propia existencia… en definitiva, el sentido de nuestras vidas se encuentra justo allí, entre la piel y el alma. Desnudarnos para desarmarnos y armarnos para hacer el amor con la galaxia de nuestros corazones… he ahí la felicidad. Y si hubiera felicidad no lloraríamos con películas tan perversas como Intensa-mente.

El opio de los invertebrados

El amor es el opio de los invertebrados,

el afán de los gringos opulentos,

el delirio de los muertos

y la fantasía de los unicornios.

El amor es la dicha de los humildes,

el trauma de los enfermos

de codicia,

el catalizador de infartos,

el orgasmo del sexo,

pero entre amantes.

El amor es la bendición de la naturaleza,

la maldición de los dioses,

la fuerza del universo

y la cura contra el cáncer.

El amor es más fuerte que la bomba atómica,

más simple que una mosca,

es la antítesis de la razón

y, al mismo tiempo,

el amante de la cordura.

El amor es la fantasía más perversa

de los leones sin melena;

es la elocuencia de los tataretos;

Es la vida que se encuentra en la Muerte;

es el fósil de Jesucristo.

El amor es tu mano

en la mía,

mientras caminamos hacia el infinito

con duendes travestidos y elefantes maricones.

El amor es el café de tus ojos

encontrando cobijo

en el café de los míos.

El amor es la sustancia

a la que más temen los gringos.

Y mis brazos sobre tu cuerpo

representan mayor revolución

que un gobierno de monos tití

controlándonos desde la Casa Blanca.