Rincón del surreal

Escritos sobre la vida, la no-vida. Artículos de vaga filosofía.

Archivos mensuales: junio 2017

absorto y absurdo

no hay mayúscula pedagógica, ni tilde mal puesta. no hay recuerdo placentero ni mentira mal contada. los sabotajes no se planean ni la muerte persigue almas. la vida es sincera y caprichosa, como caramelo indómito.

no hay absurdo descompuesto ni entropía que lo resista. no hay caja de dientes para tanta mandíbula, ni fábulas que cuenten caries como sicarios. este mundo es un desorden hermoso y perfecto. vaciamos nuestra fuerza en perezas dominicales y la sed se torna sensación de llenura en el corazón.

vaciamos nuestros pecados en arbolitos recién plantados. oímos la voz de quien amamos a kilómetros de tiempo. somos hijas de la nube, la que siempre llora.

estamos arrechas por Vivir.

no hay absurdo que no deje su rastro en las caricias del sol y se desvanezca en las postrimerías de la primavera. no hay asesino bueno. no existe poder divino o humano que sacíe un sexo con sonrisas. hoy el amor es la tecnología que sobra y basta para construir un mundo nuevo. es absurdo tu silencio, niña mía y más cuando mis oídos están saturados de ruido. es absurda tu actitud, que desvanece el viento con tiempo y lágrimas pérdidas. es absurda esta espera que me carcome acordes completos de alma. ilumina con tus ojos oscuros esta ánima, consciente por tinta y palabra que VIDA es anexo de AMOR y que la mañana agnóstica de los lunes solo es el guayabo eterno de dioses y vagabundos que, siempre absurdos, crearon lo que hoy conocemos por universo.

absurda es la NADA y en ella encontrarás la paz, anhelada por prostitutas y alcoholímetros.

paz.

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¿Y si uno escribe por mera vagabundería?

Me parece que, conforme pasan los años, «escribir por escribir» se vuelve algo más digno. Fíjense. Solo es que alguien diga que escribe para que en los ojos receptores reluzcan dos posibles emociones: rechazo o admiración. Y parten del mismo precepto: que escribir es digno (o dignificante), solo que difieren en qué tanto le creen al emisor.

La verdad, uno escribe mucha mierda.

Nunca he pensado que sea digno escribir, porque mucha gente lo hará, como yo, no como un ejercicio de liberación o de creatividad, sino como uno de mera vagabundería.

Y es que no es difícil hilar palabras y mucho menos cuando son temas que involucran a todo el mundo. El sexo, el amor (sea al otro o a uno mismo), la música, la política… siempre será muy fácil quedar bien. Utilice metáforas para un beso en el cuello, para un corazón partido o para la superación personal y verá que es como aprenderse el «doremifasol» de la música occidental. Si eso hace digna a una persona, es porque prostituimos nuestro encanto ante un mundo de vergüenza y oscurantismo.
¿Cómo llegamos a esto? ¿De dónde habrá salido? ¿Por qué mancillamos el nombre del escritor con la sucia idea de la dignidad?

Desbaratemos lo primero: yo creo que escribir no es desnudarse (metafóricamente) ante el lector, sino usar apropiadamente la curiosidad de quien lee para que avance indiscriminadamente hacia el final. Lo extraño es que, entre más crípticos sean los párrafos, más dignidad reviste el escritor. ¿Se reduce la creatividad a una fábrica de acertijos?

La escritura problemática e indescifrable es como el maquillaje: una forma aceptada socialmente de mostrar la fealdad ante los demás. Qué jartera maquillarse. Creo que no publico algo de lo que escribo desde hace como medio año, porque “nada me gusta”, porque “nada está terminado”. ¡Jódanse! ¡Mi fealdad no me preocupa! ¡Léanme sin reparos!

Escribo por vagabundería, por falta de sueño, porque me cansé de masturbarme. No quiero que me dignifiquen por hacer algo que cualquiera puede hacer. El mundo tiene demasiados héroes falsos, profetas capitalistas. Hemos cheguevarizado a hijos de puta sin sentimientos y recordamos nombres que la historia debió olvidar. Dignificamos al pícaro y pordebajeamos al suicida. Hay que tener una mente del siglo XVII para seguir pensando que la creatividad es escasa. ¡Que Stuart Mill se revuelque en su tumba!

Lean lo que han escrito a su mamá, si es que alguna vez lo hicieron, y díganme si no es arte. Probablemente no lo enlodaron con figuras literarias complejas y estoy seguro que 1) responde a la sinceridad, 2) detalla con exactitud el momento en el que fue escrito, 3) regenera la historia y los momentos. Es como si dejaran un pedacito de vida en cada letra. Eso es escribir.

Mi hermanito de seis años todavía no sabe escribir, pero ya tiene WhatsApp. Me estaban felicitando por un acontecimiento X y una buena parte de mi familia escribió. Juanse le dijo a mi madre que escribiera por él “muy bieeeeen” (así, con muchas eeeeees) y fue el mejor mensaje que llegó. Él ni siquiera se desnudó (metafóricamente) o dijo que escribía. Pero supe que él era mi hermanito, que lo que decía era sincero y que no hay mejor forma de escribir que hacerlo con una mano en el corazón y otra en los testiculos (o pezones).